jueves, 31 de enero de 2013

2. Jean Genie o marionetas en el trastero





Así conocí a la primera persona que me trataba como un verdadero líder y me causaba admiración en algún campo. Sus solos por alguna extraña razón resultaban fascinantes. Tenían algo especial. Para hacer más fácil que lo entiendas sería necesario decir que era guitarrista en una banda llamada  Alice`s Pills

                                         





Se llamaban así  porque sus integrantes eran fanáticos de Alicia en el país de las maravillas. Antes de salir de fiesta ponían las películas (unos días la de Tim Burton, otros la de Disney)  y tomaban varios qualudees por imitar a sus ídolos musicales, integrantes de bandas del rock de los 80 y 90.
Eso al principio, antes de que estos cafres dominados por el vocalista empezasen a derivar en monstruos del averno y forzasen a sus groupies, después de consumir varias sustancias, a acostarse entre ellas metiendo conejos en la cama. También las vejaban forzándolas a confesar sus peores pecados en lo que ellos llamaban el té de las cinco con el sombrerero loco. Les imprimían en la piel una serie de cortes con un casco prusiano con la punta de éste manipulada y afilada al máximo mientras les atiborraban a whisky. En realidad practicaban todo tipo de aberraciones siempre relacionadas con la película y novela.



         


Ese conjunto podía haberse llamado perfectamente Strut Pete ( pavoneo Pete) pues su cantante que se hacía llamar de esa manera tenía un ego desorbitado. El tal Pete salía al escenario con un casco prusiano de la primera  guerra mundial (con el que esgrimían esa tortura mencionada anteriormente), sin camiseta y pantalones de cuero. Era atractivo, pero resultaba una parodia de lo que realmente pretendía ser.

Mi futuro lugarteniente, este guitarrista y brillante estudiante de publicidad aunque algo mayor para seguir en la carrera se hacía llamar Jean Genie. Y con ese nombre se quedó en nuestro clan (no daré nombres reales en este libro o por lo menos de mis afiliados por motivos de seguridad), debido a una importante canción de uno de sus ídolos. Le gustaba lucir ese aspecto andrógino de los setenta, pero adaptado a la actualidad. Era realmente delgado, de una altura normal, cara enjuta y casi sin cejas después de tanto depilarlas. Su corte de pelo era de aspecto militar del perído de entreguerras en Alemania. Era rubio y similar a un ario sacado de la propaganda nazi de aquella época.


(Jean Genie de David Bowie).
                                             


El mal del vocalista que tanto daño ha hecho a grupos de rock muy prometedores también había llegado al conjunto Alices Pills carcomiendo la voluntad del resto de los miembros. Jean todavía guardaba en su interior parte de ese ego que me había propuesto a aniquilar en mis compañeros de familia, pero lo tenía rasgado casi en su totalidad.

Antes de establecer contacto verbal con él, quise acudir a varios conciertos para ver como era este guitarrista . Me acompañaban varios amigos. No es que antes de crear el clan fuese asocial, solo que yo miraba a la gente como aptos o no aptos para mis fines, mi obra. Por aquel entonces tenía y sigo teniendo grandes amigos fuera de los Sinners, pero no había conocido a un apto hasta ese preciso día.
Me situaba entre esa caterva de busca púas para observar bien a mi potencial pupilo. La gente pensaría que miraba cada acorde que tocaba, cuando lo que intentaba apreciar era el porqué de esa inseguridad latente.
Tenía verdadero talento y captaba toda la atención del público. Mientras Pete se movía como un escorpión dentro de un círculo de fuego suprimiendo toda creatividad o buena voz con el aguijón de los movimientos histriónicos de un bufón borracho de hedonismo, Jean se limitaba a sentir la música. Por su forma de moverse, cualquiera diría que era un hippie que había consumido LSD. Parecía que iba a partirse por la mitad de un momento a otro. Era un animal en el escenario.

De vez en cuando me daba cuenta de que sus ojos aterrados se clavaban en los míos. En ese momento me limitaba a sonreírle y sacaba los cuernos al aire. Comprendía que debía calmar la bestia que llevaba dentro mitigando sus ansias por salir a la luz y apoderarse de mí. Debía domesticar mi moral dejando de lado el mal que latía en mi interior hasta que fuese oportuno. Esa metamorfosis no debía producirse todavía. 

Antes de hablar con Jean ya conocía su punto débil. La inseguridad. Intuía que el cantante prusiano de bailes ridículos le dominaba. Solo debía hacerle creer en sí mismo, hacerle madurar para hacer encajar su personalidad a mi voluntad como dos piezas de lego. Esa era la forma de someter su ego del todo. Hacerle pensar que me debía la seguridad en sí mismo y por tanto, el desarrollo de su potencial.


Al finalizar uno de sus shows Pete y el batería de Alices Pills  (el que le pusoel nombre al conjunto), un chico bajo pero muy ancho de espalda se acercaron a hablar conmigo. El motivo podéis imaginarlo queridos lectores, las dos groupies mas llamativas se habían acercado a hablar con mi grupo de amigos. Creían ser leones cuidando su manada, pero ambos parecían dos ancianas enfermas de ludopatía que aseveran eso de... me has quitado la tragaperras y estaba calentita. Resultaban penosos.
Iban vendiendo su ep , Puppets in thejunk room. La canción que titulaba el disco tenía aspecto de ser una patraña naif de esas sobre el niño interior. Un vomitorio de emociones para quinceañeros que no respetan ni aceptan el trabajo del dios Cronos. El complejo de Peter Pan  perfectamente transcrito.





Al acercarse el ya descrito hedo  - Pete, éste espetó con una sonrisa maliciosa: - ¿ A quien se le ocurre venir a un concierto de rock industrial con camisa, y para colmo que no sea negra?.- Se encargó de decirlo alto para que todo el mundo que estaba alrededor pudiese percatarse de su "supuesta superioridad". 
El batería, oliendo problemas, se apartó de la conversación.

Bien ya tenía dos cosas claras sobre este urinario emocional portátil. Uno, yo le parecía una amenaza y dos esto resultaba demasiado fácil, así que antes de enfrentarme a él haría dos pequeños experimentos de mentalismo para intrigarle, caerle bien y ganarme algo de su confianza.
El primer truco consistía en averiguar la canción que él estaba pensando.
Anoté en una hoja DINA cuatro la palabra Misfits, una canción de su ep. Mientras hablase con él la colocaría a la derecha de su ojo, en ese lugar donde no somos conscientes de que vemos pero nuestro subconsciente trabaja.
A continuación empezaba el truco. 

– Antes de presentarnos… Piensa en una canción de tu ep, y dímelo con la mente.

-¿De que va esto? 
  Por probar… Ya.

-Piensa con más intensidad, no puedo verlo.

-Bien. Señálala en la carátula del ep.
Y le enseñé mi cartulina DINA 4

- ¿Cómo lo has sabido?

Pete no había sido consciente de que su mirada periférica había actuado.
El siguiente truco mas fácil y no tan demostrado por ilusionistas, pero lo intentaría. La conocida como mirada efecto túnel. 
Puse mis ojos muy fijos en su puente de la nariz y comencé a preguntarle cosas triviales. Esto se hace para aislar a la persona del exterior y centrar toda su atención en su interlocutor. 

- Cambiando de tema. Perdona ¿cuál es tu nombre?-.

-Me llaman Pete-.

-Hola Pete encantado. ¿Por qué habéis titulado así el ep?- (Cambiar de tema repentinamente y hacer muchas preguntas aislaría a ese niño interior del cuerpo de este instrumento musical de los sentimientos que jugaba a ser luthier. No quería respuestas excesivamente cortas para hacerle sentir cómodo y seguro).

- Pues verás (ese pues le delataba, no era tan independiente ni tenía tanta personalidad como el macho alfa que pretendía parecer). Es el título del corte cinco y es un intento por despertar la infancia en cada de uno de nuestros oyentes. Sacar fuera esos sentimientos olvidados que tuvimos de niños.

-Vaya, es bueno-. 

Quizá estaba infravalorando a mi oponente en esta partida de ajedrez mental. Pero no podía ser. Esa forma de esquema mental no respondía a su perfil. Este niñato había sido cuidado entre algodones seguro, como el conejito sacado de las páginas del libro que tanto le obsesionaba. No era un Misfit, otro título de su creación que me intrigaba.

-¿Quién ha compuesto Misfit y Puppets in the Junk room?. Son muy buenas...

 [ su traducción sería: inadaptado y marionetas en el trastero. Que mi lector no piense que ha sido un despiste no decirlo antes, cada letra de estas páginas está perfectamente estudiada].


- Ha sido ese albino flacucho que está ahí sentado mirando-.

Vaya. Este proyecto de macarra me estaba sacando de mis casillas. Criticar a los miembros de tu banda vendiendo un disco es como cercenarse la mano que sujeta el arma en un duelo o menospreciar partes del cuerpo o la mente pretendiendo seducir a una mujer. Destrozaba el fin antes de presentar los medios. Dudo que Maquiavelo le hubiese adulado en su novela El Príncipe de haberle conocido.





Me había cansado de este juego. Cuando tenía los hilos de la esencia de Pete bien atados a la cruceta de mi estratagema era el momento de darle la puntilla a este fantoche. Se da por sentado que en ese momento capté la atención de todos subiendo un pie al amplificador que estaba a mi lado y alzando la voz.


-Ese chico rubio de ahí es el alma de tu grupo. Sin él sois una morralla atonal. Y en cuanto tu primera pregunta: No me hace falta copiar la forma de pensar y de vestir de un grupo de personas para sentirme dentro de una tribu urbana. No me hace falta pertenecer a nada, la nada me pertenece a mí.

Retiré mi mirada del puente de su nariz dejándolo libre. No sabía si este truco funcionaba o no, pero lo que pasó a continuación fue muy curioso. No se si casualidad o no, no podría demostrarlo.
En ese preciso instante cogió su casco del suelo disponiéndose a clavarme la punta del mismo, como si de una bayoneta de tratase. Luchaba por su honor y su liderazgo.
En el forcejeo se le quité y apartándome me hice un corte en la espalda a la vista de todos.

(Thomas Kuntz - The last prussian conjurer) .
El casco prusiano era algo así, pero con la punta del casco manipulada para que fuese más grande y afilada.





-Así me rasco yo la espalda ¿crees que le tengo miedo al dolor físico? ... ¿si tanto cantas al dolor en este grupo emo rockero tuyo, por qué no nos demuestras de lo que eres capaz? le pregunté...


(Esta es una introducción del capítulo 2. Falta la otra parte del capítulo que será subida mas adelante. Es la más interesante, pero también la más desagradable...)

martes, 29 de enero de 2013

Beautiful Sinners. 1.MM



Y el viaje hacia el universo de los Beautiful Sinners comienza así:


 




…Y piensa que en el fondo del abismo de tu corazón está... mi reflejo.











Bloque 1. The Sinners
















Beautiful Sinners


Había cosas que hacían supurar mi asco hasta ahogarme y dejarme sin voz: Una era cuando algunas personas se creen por encima de todos los seres del universo como aquél (si es que existe) que traza los destinos humanos y juega con ellos como con las figuras de barro de Perseo y la medusa.

Esa gente que cree que la vida le ha tratado mal y no se ha valorado su trabajo o arte porque están por encima del mainstream y el saber popular. La gente se que pisa las palabras cual cola de novia ebria y no termina una frase aunque de ello dependa la paz mental de los demás. Esa gente que finge no tener empatía con el mundo y los demás pero que lloran con cualquier historia mundana que ven en la caja tonta. Que achacan a la humanidad todos sus problemas y males sin ver que su mal son ellos mismos. Cuyo grito de socorro es dejarme solo.

Me parecían el mal endémico de la humanidad. Esos seres ponzoñosos y víctimas de sí mismos que iban y venían, a los que veía todos los días y sabía reconocer perfectamente. Llevaban ese aura apestosa de victimismo que tenía reminiscencias de la putrefacción de sus almas, sin darse cuenta de donde está el verdadero poder. Necesitaban volver a sentir lo auténtico. El auténtico dolor, la auténtica felicidad. No esas depresiones de mando a distancia de las cuales eran esclavos. 

Realmente ese tipo de personas existirá siempre y no se dan cuenta del poder que tiene lo común. Esa creatividad existe, pero se ha visto ahogada por el poder de una sociedad vacía y tremendamente solitaria. Tienen el poder de la masa. No ese aire de ficción que te da ser valorado por un estúpido blog de contenido trivial de los cuales sufrimos invasiones desde los últimos diez años. 

Los perdidos, los sin alma, los buscadores de problemas, los verdaderos amos de la realidad, los que alguna vez han creído ver la oscuridad de su ego, los que glorifican el término relativismo, los que persiguieron sueños imposibles, los que no se dejan empujar por los tanques de la apatía de las defensas humanas ante imposiciones de pensamiento. Esos seres con la materia prima para crear un ser realmente merecedor de halagos y envidian e idolatran la mediocridad movidos por unas cuerdas del hilo del mundo de la desinformación. Los perseguidos, insultados, juzgados, los sin rostro que intentan fraguarse uno en las fraguas de la insolaridad y del cuestionamiento de los que se encuentran a su alrededor. Los dejados de lado del perro y el amo del rebaño al que nadie ha visto nunca la cara. 

Es el tiempo de la crisis del pensamiento, de la creación de divinidades sifilíticas portadoras de modas que vienen y van. Realmente el mundo había llegado a un punto en que se necesitaba a los anti héroes. Ese tipo de personas que en vez de engañar a estos seres espiritualmente moribundos los despertara con una bofetada de realidad. Esos que en palabras de Twain te hacen sentir grande. "Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, Pero la gente realmente grande, te hace sentir que tú también puedes ser grande"

Hacía tiempo que era la hora de dejar de ser un rebaño de ovejas blancas impolutas como querubines y lobos disfrazados de ovejas negras. De que éstos últimos despertasen, volviesen a sus instintos mas prematuros y matasen la parte del rebaño que se jactaba de una felicidad vacía e insulsa. Aunque esa hora había llegado hacía ya tiempo, había quien intenta retrasarla minuto a minuto cual maniobra de ahorro de energía en el solsticio espiritual. 

A veces me preguntaba si era un monstruo por tener estas reflexiones, pero esta negación de la empatía no significaba que no existiese dentro de mí. Lo que pasaba es que me resultaba demasiado doloroso decantarme por ese lado de mi personalidad. Cada vez que lloraba era como si una mano con las garras del abismo del abatimiento saliese de mis ojos desgarrándome las cuencas oculares. Me resultaba mucho mas fácil apartarme de las situaciones y analizarlo todo como si de un melodrama barato se tratase. Ya había sufrido demasiado, pero eso no viene al caso para entender este relato, o, por lo menos, no para entender mi manera de verlo. No pienso dejar que me psicoanalicéis o sintáis la mínima lástima por mí. No por ahora. 

Enfrascado en esos pensamientos me había tirado las últimas semanas. ¿Debía seguir conteniendo estos sentimientos o sacar lo que llevaba dentro?
En ese momento me vino a la cabeza una imagen que había visto en algún lugar. En algún cuadro, en alguna ilustración de un libro o novela gráfica. Abejas que salían de los ventrículos de un corazón como una colmena de esperanzas de desarrollo mental y espiritual. Como cuerpos sin cabeza creciendo del árbol del fruto prohibido, el que llevaba a la verdadera sabiduría y el crecimiento personal. 
Ya lo tenía: necesitaba matar el ego de los demás para llevar cabo mis planes. Irradiar mi verdad y certidumbre en esas mentes despreciativas deseosas de dirección. 

Me había dado cuenta de que era capaz de controlar a este nuevo Golem que había surgido en el interior de una generación olvidada. El monstruo del hambre de superación y de exigencia de un lugar en el mundo. De sentirse parte de algo grande por encima de la transmutación de los sentimientos unipersonales. Debía sacarles esos cantos rodados del interior como el desapego y la indiferencia. Esa abulia que impedía relaciones interpersonales reales. Corazones acorazados de oscuridad tan negra como el ónix, almas andróginas pidiendo un padre que les guiase. Fomaría un grupo, una familia, y lo llamaría Beautiful Sinners en honor a una canción con título parecido de un cantante conocido por que sus seguidores se hiciesen preguntas y no diesen nada por sentado debido a sus letras y movidos por el mensaje del odio como ilusión. Ese anti héroe (al igual que yo me consideraba a mi mismo) llamado M.M...

Pedro Sánchez Hernández.

                                                          
(Fotografía de http://www.pablosola.com/  . Imagénes sujetas a derechos de autor).