Así conocí a la
primera persona que me trataba como un verdadero líder y me causaba admiración
en algún campo. Sus solos por alguna extraña razón resultaban fascinantes. Tenían
algo especial. Para hacer más fácil que lo entiendas sería necesario decir que
era guitarrista en una banda
llamada Alice`s Pills.

Se llamaban así porque sus integrantes eran fanáticos de Alicia en el país de las maravillas. Antes de salir de fiesta ponían las películas (unos días la de Tim Burton, otros la de Disney) y tomaban varios qualudees por imitar a sus ídolos musicales, integrantes de bandas del rock de los 80 y 90.

Se llamaban así porque sus integrantes eran fanáticos de Alicia en el país de las maravillas. Antes de salir de fiesta ponían las películas (unos días la de Tim Burton, otros la de Disney) y tomaban varios qualudees por imitar a sus ídolos musicales, integrantes de bandas del rock de los 80 y 90.
Eso al
principio, antes de que estos cafres dominados por el vocalista empezasen a
derivar en monstruos del averno y forzasen a sus groupies, después de consumir
varias sustancias, a acostarse entre ellas metiendo conejos en la cama. También
las vejaban forzándolas a confesar sus peores pecados en lo que ellos llamaban
el té de las cinco con el sombrerero loco. Les imprimían en la piel una serie
de cortes con un casco prusiano con la punta de éste manipulada y afilada al máximo mientras les atiborraban a whisky. En realidad practicaban todo
tipo de aberraciones siempre relacionadas con la película y novela.
Ese conjunto
podía haberse llamado perfectamente Strut Pete ( pavoneo Pete) pues su cantante
que se hacía llamar de esa manera tenía un ego desorbitado. El tal Pete salía
al escenario con un casco prusiano de la primera guerra mundial (con el que esgrimían
esa tortura mencionada anteriormente), sin camiseta y pantalones de cuero. Era
atractivo, pero resultaba una parodia de lo que realmente pretendía ser.
Mi futuro
lugarteniente, este guitarrista y brillante estudiante de publicidad aunque
algo mayor para seguir en la carrera se hacía llamar Jean Genie. Y con ese
nombre se quedó en nuestro clan (no daré nombres reales en este libro o por lo
menos de mis afiliados por motivos de seguridad), debido a una importante
canción de uno de sus ídolos. Le gustaba lucir ese aspecto andrógino de los
setenta, pero adaptado a la actualidad. Era realmente delgado, de una altura
normal, cara enjuta y casi sin cejas después de tanto depilarlas. Su corte de
pelo era de aspecto militar del perído de entreguerras en Alemania. Era rubio y
similar a un ario sacado de la propaganda nazi de aquella época.
(Jean Genie de David Bowie).
El mal del
vocalista que tanto daño ha hecho a grupos de rock muy prometedores también
había llegado al conjunto Alices Pills carcomiendo la voluntad del resto de los
miembros. Jean todavía guardaba en su interior parte de ese ego que me había
propuesto a aniquilar en mis compañeros de familia, pero lo tenía rasgado casi
en su totalidad.
Antes de establecer contacto verbal con él, quise acudir a varios
conciertos para ver como era este guitarrista . Me acompañaban varios
amigos. No es que antes de crear el clan fuese asocial, solo que yo miraba a la
gente como aptos o no aptos para mis fines, mi obra. Por aquel entonces tenía y
sigo teniendo grandes amigos fuera de los Sinners, pero no había conocido a un
apto hasta ese preciso día.
Me situaba
entre esa caterva de busca púas para observar bien a mi potencial pupilo. La
gente pensaría que miraba cada acorde que tocaba, cuando lo que intentaba
apreciar era el porqué de esa inseguridad latente.
Tenía verdadero
talento y captaba toda la atención del público. Mientras Pete se movía como un
escorpión dentro de un círculo de fuego suprimiendo toda creatividad o buena
voz con el aguijón de los movimientos histriónicos de un bufón borracho de
hedonismo, Jean se limitaba a sentir la música. Por su forma de moverse,
cualquiera diría que era un hippie que había consumido LSD. Parecía que iba a
partirse por la mitad de un momento a otro. Era un animal en el escenario.
De vez en
cuando me daba cuenta de que sus ojos aterrados se clavaban en los míos. En ese
momento me limitaba a sonreírle y sacaba los cuernos al aire. Comprendía que
debía calmar la bestia que llevaba dentro mitigando sus ansias por salir a la
luz y apoderarse de mí. Debía domesticar mi moral dejando de lado el mal que
latía en mi interior hasta que fuese oportuno. Esa metamorfosis no debía
producirse todavía.
Antes de hablar
con Jean ya conocía su punto débil. La inseguridad. Intuía que el cantante
prusiano de bailes ridículos le dominaba. Solo debía hacerle creer en sí mismo,
hacerle madurar para hacer encajar su personalidad a mi voluntad como dos
piezas de lego. Esa era la forma de someter su ego del todo. Hacerle pensar que
me debía la seguridad en sí mismo y por tanto, el desarrollo de su potencial.
Al finalizar
uno de sus shows Pete y el batería de Alices Pills (el que le pusoel nombre al
conjunto), un chico bajo pero muy ancho de espalda se acercaron a hablar conmigo. El
motivo podéis imaginarlo queridos lectores, las dos groupies mas llamativas se
habían acercado a hablar con mi grupo de amigos. Creían ser leones cuidando su
manada, pero ambos parecían dos ancianas enfermas de ludopatía que aseveran eso
de... me has quitado la tragaperras y estaba calentita. Resultaban penosos.
Iban
vendiendo su ep , Puppets in thejunk room. La canción que
titulaba el disco tenía aspecto de ser una patraña naif de esas sobre el niño
interior. Un vomitorio de emociones para quinceañeros que no respetan ni
aceptan el trabajo del dios Cronos. El complejo de Peter Pan perfectamente transcrito.
Al acercarse el
ya descrito hedo - Pete, éste espetó con una
sonrisa maliciosa: - ¿ A quien se le ocurre venir a un concierto de rock
industrial con camisa, y para colmo que no sea negra?.- Se encargó de decirlo
alto para que todo el mundo que estaba alrededor pudiese percatarse de su
"supuesta superioridad".
El batería,
oliendo problemas, se apartó de la conversación.
Bien ya tenía
dos cosas claras sobre este urinario emocional portátil. Uno, yo le parecía una
amenaza y dos esto resultaba demasiado fácil, así que antes de enfrentarme a él
haría dos pequeños experimentos de mentalismo para intrigarle, caerle bien y
ganarme algo de su confianza.
El primer truco
consistía en averiguar la canción que él estaba pensando.
Anoté en una
hoja DINA cuatro la palabra Misfits, una canción de su ep. Mientras hablase con
él la colocaría a la derecha de su ojo, en ese lugar donde no somos conscientes
de que vemos pero nuestro subconsciente trabaja.
A continuación
empezaba el truco.
– Antes de
presentarnos… Piensa en una canción de tu ep, y dímelo con la mente.
-¿De que va esto?
Por probar… Ya.
Por probar… Ya.
-Piensa con más
intensidad, no puedo verlo.
-Bien. Señálala
en la carátula del ep.
Y le enseñé mi
cartulina DINA 4
- ¿Cómo lo has
sabido?
Pete no había
sido consciente de que su mirada periférica había actuado.
El siguiente truco
mas fácil y no tan demostrado por ilusionistas, pero lo intentaría. La conocida
como mirada efecto túnel.
Puse mis ojos
muy fijos en su puente de la nariz y comencé a preguntarle cosas triviales.
Esto se hace para aislar a la persona del exterior y centrar toda su atención
en su interlocutor.
- Cambiando de tema. Perdona ¿cuál es tu nombre?-.
-Me llaman Pete-.
-Hola Pete encantado. ¿Por qué habéis titulado así el ep?- (Cambiar de tema repentinamente y hacer muchas preguntas aislaría a ese niño interior del cuerpo de este instrumento musical de los sentimientos que jugaba a ser luthier. No quería respuestas excesivamente cortas para hacerle sentir cómodo y seguro).
- Pues verás (ese pues le delataba, no era tan independiente ni tenía tanta personalidad como el macho alfa que pretendía parecer). Es el título del corte cinco y es un intento por despertar la infancia en cada de uno de nuestros oyentes. Sacar fuera esos sentimientos olvidados que tuvimos de niños.
-Vaya, es bueno-.
Quizá estaba infravalorando a mi oponente en esta partida de ajedrez mental. Pero no podía ser. Esa forma de esquema mental no respondía a su perfil. Este niñato había sido cuidado entre algodones seguro, como el conejito sacado de las páginas del libro que tanto le obsesionaba. No era un Misfit, otro título de su creación que me intrigaba.
-¿Quién ha
compuesto Misfit y Puppets in the Junk room?. Son muy buenas...
[ su traducción sería: inadaptado y marionetas en el trastero. Que mi lector no piense que ha sido un despiste no decirlo antes, cada letra de estas páginas está perfectamente estudiada].
Vaya. Este proyecto de macarra me estaba sacando de mis casillas. Criticar a los miembros de tu banda vendiendo un disco es como cercenarse la mano que sujeta el arma en un duelo o menospreciar partes del cuerpo o la mente pretendiendo seducir a una mujer. Destrozaba el fin antes de presentar los medios. Dudo que Maquiavelo le hubiese adulado en su novela El Príncipe de haberle conocido.
-Ese chico rubio de ahí es el alma de tu grupo. Sin él sois una morralla atonal. Y en cuanto tu primera pregunta: No me hace falta copiar la forma de pensar y de vestir de un grupo de personas para sentirme dentro de una tribu urbana. No me hace falta pertenecer a nada, la nada me pertenece a mí.
[ su traducción sería: inadaptado y marionetas en el trastero. Que mi lector no piense que ha sido un despiste no decirlo antes, cada letra de estas páginas está perfectamente estudiada].
- Ha sido ese
albino flacucho que está ahí sentado mirando-.
Vaya. Este proyecto de macarra me estaba sacando de mis casillas. Criticar a los miembros de tu banda vendiendo un disco es como cercenarse la mano que sujeta el arma en un duelo o menospreciar partes del cuerpo o la mente pretendiendo seducir a una mujer. Destrozaba el fin antes de presentar los medios. Dudo que Maquiavelo le hubiese adulado en su novela El Príncipe de haberle conocido.
Me había
cansado de este juego. Cuando tenía los hilos de la esencia de Pete bien atados
a la cruceta de mi estratagema era el momento de darle la puntilla a este
fantoche. Se da por sentado que en ese momento capté la atención de todos
subiendo un pie al amplificador que estaba a mi lado y alzando la voz.
-Ese chico rubio de ahí es el alma de tu grupo. Sin él sois una morralla atonal. Y en cuanto tu primera pregunta: No me hace falta copiar la forma de pensar y de vestir de un grupo de personas para sentirme dentro de una tribu urbana. No me hace falta pertenecer a nada, la nada me pertenece a mí.
Retiré mi
mirada del puente de su nariz dejándolo libre. No sabía si este truco
funcionaba o no, pero lo que pasó a continuación fue muy curioso. No se si
casualidad o no, no podría demostrarlo.
En ese preciso
instante cogió su casco del suelo disponiéndose a clavarme la punta del mismo,
como si de una bayoneta de tratase. Luchaba por su honor y su liderazgo.
En el forcejeo se le quité y apartándome me hice un corte en la espalda a la vista de todos.
En el forcejeo se le quité y apartándome me hice un corte en la espalda a la vista de todos.
(Thomas Kuntz - The last prussian conjurer) .
El casco prusiano era algo así, pero con la punta del casco manipulada para que fuese más grande y afilada.
-Así me rasco
yo la espalda ¿crees que le tengo miedo al dolor físico? ... ¿si tanto cantas
al dolor en este grupo emo rockero tuyo, por qué no nos demuestras de lo que
eres capaz? le pregunté...
(Esta es una introducción del capítulo 2. Falta la otra parte del capítulo que será subida mas adelante. Es la más interesante, pero también la más desagradable...)



