miércoles, 27 de febrero de 2013

4. Mad Moon o la muerte dulce.



Con el incidente de Dead tan reciente preferí tranquilizar nuestras ansias de cambiar el mundo tan pronto. Las cosas deberían ir paso a paso. Por ahora las cosas habían ido rodadas, pero no me podía permitir errores ni más peripecias estrambóticas. 

Debido a mis alocuciones,  Jean y Dead empezaron a hermanarse en sentimientos frustrados de glorias frenadas por la crisis económica e inmaterial de Occidente. 
Yo seguía con mis dudas sobre las tendencias morales y el autocontrol de Dead. Tampoco quería pasarme tirando de sus riendas, a ver si iba a tirar demasiado y a cortarle las alas que le hacían especial. No quería moldear ese barro para quitarle su lado salvaje. No quería matar ese Pegaso de la fogosidad que atizaba las llamas de su corazón.

(Fotografía de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)


Tenía que tratar el tema con mucho recelo.
Una de las medidas a tomar era quedar con él, ganarme su lealtad y trabajar desde dentro con sus conocidos. Pero la gente que le rodeaba en su trabajo etc… no los gamberros a los cuales ahora Dead odiaba. Le convencí que una venganza contra esos seres inferiores sería mancharse las manos para nada, ya que le tenían demasiado miedo como para intentar nada por dejar su grupo de espantapájaros de la cristiandad.
Dead nos presentó a su círculo más cercano de amigos y amigas de verdad.

Esto me llevó a conocer a la primera mujer del grupo. Una belleza mal cuidada por su ex pareja con un don para expresar emociones. La llamamos Mad Moon. Moon porque se parecía a una actriz y modelo conocida en el underground y las películas de terror como Sheri Moon y Mad porque cuando nuestro grupo se terminase de fundar y se fuese radicalizando ella iría mutando con él. Cuanto mas animales nos volviéramos, mas iría cambiando su carácter hacia una hidra con tres cabezas de crueldad, falta de empatía y disfrute del dolor ajeno. Era de esas personas que no era perversa porque no conocía la maldad. Hacía lo que le salía de dentro. Fuese bueno o malo, no se dejaba llevar por sentimientos oscuros, solo por lo que creía que debía hacer en cada momento.
Cada peldaño hacia el infierno que fuésemos dando, más se pervertiría su psique. Con ella empezó el primer molde de los Sinners. Ya seríamos suficientes para empezar el camino. 

Pero faltarían más por llegar...

En palabras de Dante: Oh vosotros los que entráis abandonad la esperanza. Muchos dirían eso de los Sinners cuando pasaran los meses, pero en ese momento era todo lo contrario.

Y a mí también me pasó lo contrario al pasar el umbral de ese piso.
Dead iba a una fiesta de unas amigas, y nos preguntó si le queríamos acompañar. Para Jean y para mí era un favor. Conocer modelos, chicas guapas, interesantes y deseosas de conversaciones mínimanente interesantes para salir de la trivialidad. Y gente normal y con sentido del humor que no las juzgase. Podrían reírse y disfrutar por unas horas antes de volver a sus vidas hambrientas de comida y emociones. Habíamos ido ya a algunos ágapes  pero esta vez  la fiesta quedaría en nuestro recuerdo.

Nos abrieron una puerta que daba a un pasillo pero en la que justo enfrente estaba la cocina. Dejamos allí la bebida y cosas para picar que llevábamos y seguimos por un pasillo de techos altos típico de antiguas casas de barrios aristocráticos hasta llegar a un salón. 
Entonces le vi. Allí estaba. Clavado en la pared como el Cristo a la madera de la vida humana desde su epifanía hasta el final de sus días. 



Verlo fue como un puñetazo de vicodina. Representaba el dolor, pero de una forma pausada. Como una muerte calmada por la morfina. Su autora lo había titulado la muerte dulce. Un lienzo de mariposas negras en relieve sombreado por muestras de rencor y odio hacia sentimientos auto destructivos. Esas mariposas que oscurecen corazones y se posan en esa esperanza, arrancando pétalo a pétalo de la pasión, polinizando con sufrimiento y desidia cada flor de la buena ventura. Me hacía visualizar en mi mente los mejores momentos de la nostalgia de mi olvido. 



                       (Detalle de obra de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)



Me hacía reír de sufrimiento. Era la contraposición de obras que hacen llorar de felicidad. Me hizo sentir. Y eso era algo que no experimentaba desde hacía mucho. Alguien que ha desterrado el amor y los sentimientos románticos de su vida experimenta una ceguera de sensaciones y sensiblerías. Ya no siente el amor, pero se le desarrollan otras sensaciones. Puede llorar por una canción, o llegar a la catarsis por cosas como la obra de arte de la que hablamos. Y eso fue lo que me sucedió en ese instante. La pérdida de la fe en el amor es muy normal en esta sociedad psicológicamente enferma con complejo de Dios. Muchos seres inadecuados al sacrificio que es amar tratan los sentimientos como cuchillas de afeitar de usar y tirar. Para unos los cortes son tan necesarios para sentirse vivos como las caricias, los más cercanos a los hiperbóreos. Para los débiles al mínimo roce con el metal de la cuchilla sueltan la relación pues no conocen la lealtad y el amor a pesar de. Yo era de los primeros. Pero dejemos esto tema que no es necesario para la historia y refleja mi lado más celoso de ser desvelado. Este relato trata mas de mi bestia interior que de la indefensión.  

     
Como ya dije ese cuadro turbó mi ser hasta catapultarme a mis ideas sobre el futuro. 
Vi pasar mi futuro por delante de mis ojos . Les daría ideales a un puñado de jóvenes como yo. Algo en que creer y por lo que morir. Algo que cambiase sus interiores. Que les hiciese cometer actos en el nombre de esos ideales que jamás hubiesen pensado que serían capaces.

Estaba inmerso en este soliloquio en mi mente cuando entró ella. La autora del lienzo. Me fijé en que era muy atractiva. Llevaba un bonito vestido a rayas negras y blancas que marcaba su perfecta figura. Era como el código de barras de la sensualidad femenina. Una belleza fina, con porte aristocrático. Un atractivo  de clase,  sexy pero con estilo. Si no supiese que era la que había pintado ese cuadro con esas manos quizá la habría observado con otro tipo de mirada mas sucia. Habría dado un codazo a Dead y sonreído con cara de pillo. Pero al saber que ella sentía de esa manera para plasmar algo así para mí era etérea. Guapa sí, ciego nunca he sido. Pero estaba experimentando el síndrome de Sthendal. Algo tan bonito dañaba mis pupilas, una chica con esa creatividad y esa forma tan especial de expresarse era demasiado como para reducirla a un contorno y a un escote de escándalo. Eso seguía ahí y me gustaba verlo, pero no la veía solamente como mujer. La veía como un ser con la sensibilidad mas pura que había conocido. El interior y el alma más apta para mi fin.

Me contó su drama  esa noche, y admiré su fuerza a la vez que me apenaba su experiencia.
Más adelante nos contaría su historia a todos, (que será revelada en el siguiente capítulo) y comprenderían muchas cosas de su personalidad.

Ella en algún momento de su vida había sentido lo mismo que yo y lo había pintado. Ese rechazo de alguien que había amado de verdad, o ese sentirse diferente, había experimentado esa soledad estando acompañada. Ese desencanto de la sociedad que le rodeaba. 

Haría lo posible porque formase parte del clan. Y con ella empezaríamos nuestra cruzada contra los que nos hacían sentir inadaptados, contra lo que nos hacía daño, lo que nos punzaba las entrañas con punta de injusticia.


Semanas después nos enteramos de que había un antiguo pederasta en el edificio. Mad Moon vivía en el tercero b y este despojo en el primero de la misma letra. Hecho ideal para ver si mi concepto de familia que luchaba por el ideal de lo ecuánime y justo funcionaba. Por ahora disfrazaba mi plan con esos andrajosos ropajes de los justo. ¿Qué es la justicia? Un pretexto para la justificación. Mis actos siempre irían acompañados de un mensaje. Y de nuestra visión particular. De nuestros principios. De lo que nosotros considerábamos bueno. Pero esos engranajes de la idea de nosotros todavía no estaban totalmente sincronizados. Así que usaría la mujer ciega portadora de la balanza universal. La justicia considerada como la normal.

Todo el mundo odia a los pederastas. Y más la gente quemada por la llama del desencanto, la que cree que el mundo no le ha puesto donde debe. 

Comprobamos en la hemeroteca si era cierto y Moon nos dijo:
-Ahí está. Es él.
Había abusado de aproximadamente doce niños (que se supiese o se intuyese, pues algunos habían retirado las demandas llegando a tratos). El perfecto profesor suplente.

                                                    


Bien, tocaba planificar lo que llamaríamos  el "juicio".  Sería un sábado a las once de la noche.
No voy a adelantar más datos al lector, para no desvelar detalles y estropearle la lectura.

Llegó el sábado. Eran las diez y media de la noche. La prueba definitiva de si estaba listo para controlar un grupo de choque estaba aquí. La gloria o el abismo se abrían a mis pies. A Jean lo tenía perfectamente controlado, Dead estaba adoctrinado pero era un león en estado de doma, y Moon... aunque habíamos hablado y le había somatizado por completo pues algo en ella era un espejo de mí mismo (aunque fuese la parte humana) y había dicho que el pederasta merecía un escarmiento, no sabía como respondería, la conocía desde hacía poco. Pero suponía que respondería a mi llamada.
Me faltaban armas importantes como dinero, sexo, drogas... Pero como ya dije antes para mi guardia de corps no quería esas argucias. Eso lo dejaba para el resto. Ellos debían ser leales de por sí, para ello eran los elegidos para liderar el grupo.

Les hablé sobre la injusticia, el deber de poner de rodillas a seres que abusaban de personas con mentes sin formar, de los abusos de la sociedad, la falta de valores... 

Tenía mis tres arcángeles de la idealización de la humanidad a punto.
La fuerza de un hombre comienza en las raíces de su determinación. No iba a competir con mi otro yo todos los días para no convertirme en un ser insano.
En el Abel de la Biblia o el doctor Jekyll de la novela de la novela de Robert Louis Stevenson. Abel era la idea de la vagancia extrema y la dependencia en un ser superior para la supervivencia y Jekyll del complejo de Dios. Intentando aislar su supuesto lado malo para convertirse en una perfección vacía.
La sociedad se había empeñado en matar los instintos. Yo proponía hacer lo contrario. Hacer lo de lo visceral una virtud.
Como el Lucifer o el Prometeo del siglo XXI otorgaría a los míos la idea de la revolución. La llama de la superación.
Ante vosotros las sensaciones y desencantos de una generación olvidada. La muerte del ideal en uno mismo, en sus sueños, en su sino. La sociedad se había encargado de robar la esencia, la esperanza del ser humano, de desproveer de adrenalina a los habitantes de ciudades deshumanizadas por el poder.

Debía ilustrar de mis ideas a cada uno según sus circunstancias y para los fines que pudiesen realizar:

La falta de un padre en la infancia de Jean hacía que odiase a este educador felador de niños puber de una manera especial. Hurgué en esos sentimientos de falta de figura paterna, de las perversiones de su padre y del asco que daban los desviados.

Dead disfrutaba con el sufrimiento ajeno cuando creía que lo merecía. Con esfuerzo habíamos canalizado esa crueldad. Usé la ideología de Lavey de tratar mal a quien se lo merece y bien a quien no merece ser maltratado. Cuajó bien en su mente, pues Dead ya la había ido amueblando en esa dirección. Canalicé esa idea del odio cristianismo hacia la parodia del mismo. Desmitifiqué su ideal del mal. Hice que su satanismo pasase a ser un satanismo ateísta y no teísta. Debía creer en el concepto satanista, no en el mal como Dios. (El concepto satanista que no satánico es relativamente fácil de resumir: Hazte cargo de tus actos, de las consecuencias que de ellos se sustraen. Defiende al débil solo si quieres no por obligación. Y lo mas importante. Quiere al que te quiere, destruye al que te odia)

Y Moon en ese momento vital odiaba la figura del hombre maltratador. Del que abusa, del que se cree más que la persona que ama. O, en este caso, desea.

No voy a contar esos discursos pues no intento convencer al lector de nada, ni pretenden que me juzgue inocente.
Creí que era suficiente. Ya había insuflado el odio en sus hipotálamos.

Esa noche inventamos los nombres. Jean Genie, Dead Richardson, Mad Moon. Y a mí simplemente no se referirían con un nombre, no quería jugarme el pellejo con fallos de manual de policía.

Bajamos por las escaleras para no usar el ascensor, y fijándonos mucho en que no pasase nadie. Ropa de saldo comprada para la ocasión que después quemaríamos en el estudio de arte de Moon a las afueras. Guantes de látex, calcetines de los que se pone la gente en las piscinas que no llevan zapatillas y que nadan con ellos. Eso y mascarillas de disfraz de dentista o médico debajo de los pasamontañas negros. Y para dar rasgos macabros y producir terror en nuestro asqueroso enemigo, máscaras de los médicos de la Edad Media. Esos que trataban la peste. Los que parecen caretas pene para producirle el mismo terror al falo que él había hecho tener a críos inocentes.
Esas máscaras las había comprado en Venecia años antes por poco dinero. 






Los demás elementos de nuestro atuendo fueron comprados en un mercadillo del extra radio, pagado en metálico y que después sería incinerado en la fragua de la muerte de las pruebas castigadoras de la lujuria. En la incineradora del tío de Moon en las afueras. Ella tenía unas llaves pues a veces exponía allí sus obras o daba fiestas usando ese lugar como galería de arte.


Jean llamó a la puerta diciendo que era el administrador de la finca con la cabeza mirando al suelo, haciendo que comprobaba la seguridad de la puerta. Mad Moon nos había comentado que este hombre era muy confiado.
Ella esperaba nerviosa, Dead llevaba una mochila y yo observaba todo. Los tres estábamos situados en la escalera.

Parecía que me viese desde fuera como en un viaje astral, apostado en una columna tras la casa de un desalmado temblando de cabeza a pies. Todo mi cuerpo se estremecía. Había partes de éste que estaba notando por primera vez. No sabía ni que existían. Sudores fríos recorrían mi nunca. Pensativo, el tiempo parecía no pasar. Los latidos de mi corazón marcaban  segundos eternos. Este metrónomo natural delimitaba el principio o el fin de mis sueños de libertad.

Advertía que era la primera vez que algo me apasionaba de verdad. Esa pasión que mantiene viva un alma. Puede que una pasión enfermiza, pero al fin y al cabo la mía. Había estudiado, tenía hobbies y trabajaba, pero jamás nada me había llenado tanto como para que se entumeciesen mis extremidades ni se estremecieran así mis sentidos. El agarrotamiento de un nudo en la garganta y la sequedad de una lengua que parecía anestesiada.


Era nuestro bautismo de sangre. A ese hombre le entregaríamos la manzana con el veneno de la violencia más pura.

                                        


Y allí estaba yo. A las puertas del laberinto del Minotauro de la dignitas humana con la espada de mi propia Temis sin ceguera pues la imparcialidad no existía en esa diosa de la justicia. Nosotros éramos jueces y verdugos. Ese maldito enfermo ladrón de inocencia pagaría cada juguete roto, cada lágrima derramada, cada desconfianza vitalicia, cada violado por esas manos peludas sin amor a lo más sagrado, y lo mas inofensivo, los niños. Seríamos amos y señores de nuestra verdad. Estableceríamos un orden propio, el nuestro. Por encima de cualquier ética, legalidad e incluso divinidad. Nos haríamos cargo de nuestro destino, de nuestras almas olvidadas. No responderíamos ante lógica, religión, o gobiernos. Responderíamos ante nuestro juicio mental. Y como ya dije antes el bien y el mal reside en cada uno de nosotros, y depende cual alimentes en cada ocasión se hará cargo del acto que cometas. No sabía si al entrar en ese piso nos adentraríamos en nuestra perdición o en la gloria que llenase nuestra existencia.

Ese enfermo pagaría sus aberraciones con moratones. El cuadro de Moon me inspiraba en este trabajo. Sacaría cada acto impuro de este impío con cada golpe, como cada mariposa negra se posaba en el que miraba ese lienzo arrebatándole la estabilidad momentánea de sus sentidos y después salían volando.


Como se dijo en escuelas antiguas la letra con sangre entra, en este caso los pecados con sangre saldrían.

El espantapájaros de la confianza infantil y Mefistófeles de las asociaciones de padres de alumnos del abrió la puerta. Jean irrumpió dentro y todos fuimos detrás del fan de Bowie. Había llegado momento en que al culpable le tocara pagar cada vejación contra un menor. Doce en total.

Diríamos en nuestras mentes al entrar en las casas en cada de nuestros actos (los juzgados solo oirían nuestras voces si no quedaba mas remedio): soy la mascarada de la equidad, soy el mal necesario. Introducir rituales era bueno para que el grupo se mantuviese unido, y para cambiar las creencias de mis sometidos por las que yo quisiese. Los ritos, favorecen ese cambio.

Al entrar, Dead tiró al suelo al "reo". Como ya dije, nuestro Minos particular llevaría a este hombre al primero de sus infiernos. Le amordazó rápidamente y le ató de manos piernas. Yo había elegido a Dead como el primer ejecutor, pues era el más diestro en este arte.
Al terminar de atarle, Dead me lo dejó, después de inyectarle un calmante que había conseguido pues su madre era ATS para que no gritase. El primer castigo sería el mío...
Cogí un cuchillo de su cocina, esperé unos instantes a que se adormilara y le hice ocho cortes en ocho de los dedos de las manos cercenándolos, y cuatro puñaladas en los genitales. Habían sido doce niños ( a dedo por niño), pero cuatro habían retirado su demanda quedando impune por esos delitos.

La sangre chorreaba por sus piernas dando paso al aborto de la masculinidad. Un olor dulce, como a vísceras, sangre, y algo que no sabría especificar se abría paso entre nosotros. No era desagradable en absoluto.

Los cortes de los dedos no dejaban de ser un símbolo, pero el ataque a los genitales tenía un fin. La siega de sus penetraciones contra la pubertad. Con ese arma cortaba esa guadaña fálica punzante que tantas vidas representadas en sueños de amor e inocencia había matado.

A él le mantendríamos con vida si es que no se desangraba. Gracias a la duda de si viviría o no me di cuenta de que hasta entonces había reclutado de forma visceral. Ahora necesitaba una persona con conocimientos de enfermería y medicina, pues aunque la madre de Dead fuese ATS, ese tipo de preguntas de un hijo a su madre podría delatarnos en el futuro.Y a poder ser otra con propiedades de gran superficie que podrían ser una casa con finca grande, rancho o algo similar para ir aislando a mis súbditos aunque fuese por pequeñas temporadas e ir dando forma a sus psiques a mi antojo como un alfarero juega con el barro.

En el fondo deseaba que ese enfermo mental viviese. Quería que experimentase el sufrimiento de saber que su hombría había desaparecido. Ya no se sentiría más que los menores a los que había atacado.

Moon, y Jean la emprendieron a golpes con él. Primero Jean le propinó una patada en la cara, y varias en los costados. Moon le propinó una serie de puñetazos. Moon y yo nos apartamos y fuimos al baño con nuestro reo. Allí sucedieron cosas que quedaron entre esos muros y nosotros, o por lo menos por ahora.

A continuación le cogieron dinero y su reloj de oro para que pareciese un robo de unos desequilibrados.
Desmantelaron la casa y llenaron de caos ese piso. Detrás de cuadros había mucho dinero, primeros fondos para gastos del clan...


                                           

Dead me había sorprendido. No se había extralimitado, funcionaba el trabajo que mi persona había realizado en su cabeza. 

Moon no había sido menos en mi orgullo, había estado realmente la altura de las circunstancias.

Y Jean ya era para mí como mi sombra, no había dudado de él en ningún momento.

Salimos de allí con normalidad. 
Llegamos a casa de Moon, donde metimos todo en varias bolsas, como si fuésemos a tirar restos de una juerga con bebidas espirituosas y comida por doquier. Salimos como si fuésemos a quemar la noche por los bares pero realmente fuimos a la sala de exposiciones ambulante de Moon (el crematorio de su tío) a quemar los artilugios que habían sido testigo de nuestros pecados. Metimos todo lo que nos pareció en el crematorio, esperamos un rato analizando lo que había pasado y… parecería un truco de un ilusionista con el que tendríamos un  lance en el futuro. Magia, pruebas que desaparecían.

Al terminar de quemar todo le dimos dinero a un mendigo para que llamase al teléfono de emergencias. Se lo dijo Jean con el único pasamontañas que quedaba puesto,  para no poder ser identificado. Moon lo quemaría días después.


Había pasado esa prueba como líder. Y en ese momento me prometí a mí mismo que sería la única vez que manchase mis propias manos. Ya se verá si cumpliría esa promesa...







…………………………………………………………………………………………

miércoles, 20 de febrero de 2013

Continuación de 3. Dead Richardson o los arlequines bafométicos.




Continuando con la historia de cómo conocimos y captamos a Mr Richardson, volvimos a nuestro Korova (el bar de la naranja mecánica) particular, que se llamaba Assimilate. Había un tipo orinando en la barra en los pies de una chica mientras pedía una cerveza. Como estaba abarrotado, nadie se daba cuenta y ella iba tan beoda que no notaba el líquido en sus medias. Cuando el tipo en cuestión nos miró fijamente, yo ya sabía de quien se trataba. Sentí lástima por la chica y ni le devolví la mirada. Además ese día estábamos con el resto de integrantes de los Alices Pills (grupo cuyos integrantes son fanáticos de Alicia en el país de las maravillas) y si Pete se unía a semejante Samael, Dios podía cogernos confesados. Pero los arcanos deparaban que íbamos a tener aventura esa noche.



Estábamos a lo nuestro, hablando de música, bailando e intentando que alguna chica se fijase en nosotros. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Este huro sin domesticar empujó a otro gigante, que empezó a vituperarles a él y sus amigos piropeándoles con frases como maricas de mierda, come pollas , sidóticos,  o clamidiosos hijos de perra. Pete no se hizo esperar. Al primer puñetazo de Dead sobre la cara del homófono, se lanzó sobré él dándole una paliza. Muchos amigos intransigentes o no, debían ayudar a su compañero de salidas nocturnas, acudieron a la llamada del aullido de dolor de este play boy de vertedero. Conclusión: nos vimos involucrados en una pelea defendiendo a una panda de tarados que no temían a nada ni a nadie. Yo tampoco es que fuese un huidizo de las peleas, pero el sitio me gustaba y no quería convertirme en una persona non grata y menos por gente de semejante calaña moral. Una pelea de perros no era mi idea de un día de fiesta.



Dio la casualidad de que conocíamos al de seguridad que acudió en nuestra ayuda, pero al llegar demasiado tarde dijo que ese día mejor que nos fuésemos viendo como habían terminado el grupito de tunos que cantaban a la intolerancia. Tendríais que verles. Su estado era del que te deja como a una recién parida al verles.  Tres de nueve al hospital y el resto marcados con moratones del ego de Pete, el cual al verse rodeado de mucha gente se había pasado de la raya.
Dead había sido diferente. Cosa que me gustó. Solo agredió al que le insultó, fue curiosa esa transfiguración en su cara al estamparle el vaso en el ojo. Se diría que habría disfrutado. Y después solo tocaba ese punto al lanzar puñetazos. Pretendía dejarle tuerto. Cuando terminó todo, dijo.

-Le he hecho un favor. Le he operado las cataratas y espero que la gilipollez. Creo que ya no verá a los gays como débiles.

Al contrario de lo que pensé, ni habló con Pete. Se acercó a mí para agradecérmelo, y a Jean le obsequió con un beso en la cara. Tratándose de alguien así yo no sabría si habérmelo tomado como un cariño de agradecimiento o una amenaza del estilo del Chicago de al Capone. Nos invitó a su casa a los dos (el resto de Alices Pills todavía seguían siendo lo borregos del hedonista prusiano y se fueron a otro lugar a cantar esa batalla con exageraciones y estupideces varias), y accedimos a ir si no iban el resto de secuaces.
Jean y él hablaron de fotografía, arte, y de otras materias mientras yo pensaba si haríamos bien en intentar llevarle a nuestro terreno.
En su casa, cuando cogió suficiente gradación de vodka en su cuerpo y confianza en su mente nos contó su historia, en la que no me voy a explayar por ser tan típica. No tiene sustancia para llenar páginas.
Un chaval con tendencias homosexuales en un colegio de una orden religiosa radical. Ya entendía lo del símbolo de su máscara. Y ya me había puesto su debilidad en bandeja de plata, cual cabeza del Bautista. Estaba teniendo mucha suerte con mis futuros adeptos. Me decían lo que quería oír sin ninguna dificultad. Aún así me parecía un tipo muy difícil de domar. Debía castrar esa violencia y revanchismo barato de raíz. Tenía que aspirar vahos de frialdad para ser apto, y amueblar su cabeza con conceptos y no instintos vacuos. (Yo defendía los instintos, pero con raciocinio. Con un ideal detrás que los hiciese grandes). Ay de ser así que buen compañero sería. Y debía secuestrarle de las garras de su manada de monos voladores secuestradores de inocencia, como esos icónicos personajes del mago de Oz.



Para ello había urdido un plan junto con Jean, que con mucho esfuerzo comenzaba a emitir en mi secuencia mental. Se acercaba la noche de todos los santos. Como sabíamos que le gustaban las travesuras, debíamos llenarlas de criterio.

Iban a salir de “caza”. Así que los convencimos para ir al cementerio más cercano, a por las parejas que mancillaban el recuerdo de sus muertos. Con que facilidad se puede jugar con seres tan vacíos y radicales.




A ellos eso les daba igual, dudo que respetasen el recuerdo de nadie.  Se acercaba Halloween, y jugamos con esa ventaja para pasar inadvertidos. Jean iba disfrazado de cadáver o de Michael Graves en los Misfits (no me quedó muy clara de explicación de seis minutos sobre su disfraz), yo de Willy Wonka pero con la cara pintada de negro y el resto con sus trajes de templarios del odio.
Bien, hasta pasadas muchas, muchísimas lunas no volví a ver tanto rencor de una vida insustancial volcarse en inocentes cuerpos que solo buscaban diversión pero en el lugar y en el momento equivocado.

Bajamos todos menos un templario anticristiano del monovolumen. Ese se quedó dentro rechistando de por que tenía que ser él quien debía quedarse por si surgían problemas.

Ver a Dead hacer de las suyas era un shock. Jean y yo sacamos a dos amantes de un coche, los asustamos y les rociamos pintura negra entre risas. Eso era todo. Ya comenté antes que debía anestesiar la bestia que llevaba dentro, porque en ese momento se habría vuelto contra el mismo Dead y sus amigos. Mi bestia era podría ser y llegaría a ser mas cruel y enfermiza, pero siempre mas racional. Lo que yo haría tendría un concepto claro, una razón de ser. No la violencia por la violencia.

Ellos cogían a pequeños grupos de adolescentes bebiendo en la puerta del cementerio con la música a volúmenes desorbitados y les llenaban la boca de alcohol y piedrecillas que encontraban en el suelo mientras otros los sujetaban hasta que escupían al borde de la asfixia. Esa cara de satisfacción me perseguiría en mis sueños. ¿Realmente podría humanizar a una persona así o era una fantasía de  poder la que me estaba engullendo?


Al ser Halloween pronto, había muchos coches desperdigados por todo el cementerio. Estos Clowns del terror solo iban a los coches aparcados en lugares oscuros y solitarios.
Cogían a pequeños grupos, rodeaban a uno o dos y les llenaban la boca con lo primero que cogían del suelo, vomitándoles y masturbándose encima de ellos o ellas, amenazando con violarles y dando alguna que otra paliza al azar cuando ellos creían que llegaba el tiempo estipulado de hacerlo. Generalmente marcaban unos minutos, y al que le tocase… mala suerte.
El modus operandi era así. Cantaban una canción que todos conocían y cuando se terminaba, con el pobre o la pobrecilla que estuviesen tocaba ensañamiento.
Haciéndoles cortes por todo el cuerpo, masturbándose encima después de haberles desnudado, y dando todo tipo de golpes al azar y sin criterio. De hecho, a una chica casi le dejan sin sentido.
Llevaban una silla como de tortura, con la que metían las piernas d euna persona como en grilletes, y girando una manivela se iban abriendo y abriendo. Menos mal que no les dio tiempo a usarla ni sacar mas juguetitos. Esa eran las cosas de Dead. Fabricaciones propias.

Llegado un momento hicimos lo que teníamos pensado. Llamar a la policía. Jean había aparcado su coche negro en la parte de detrás. Segundos después de llamar apartamos a Dead del resto, como un león aparta al ñu enfermo en los documentales del Discovery Channel. Al llegar la policía todos se esfumaron.  Mientras intentaban perseguir a Dead paramos el coche frente a él y le gritamos para que entrase. Pero era imposible. No había ya tiempo. No calculamos bien el tiempo. Eso nos había salido mal.



Al día siguiente fuimos a por él al calabozo. Le contamos que llevamos otro coche pues no nos fiábamos del conductor bla bla bla… Dead alabó nuestra lealtad y juró venganza contra sus compañeros en la iniciación de la estupidez.
Jean tenía contactos en la policía (hecho que yo no sabría hasta ese día y que a los Sinners nos vendría de perlas). Al no haber denuncia de unos adolescentes asustados por si había represalias, que no había nadie gravemente herido y que en el acta policial salían actos vandálicos y nada mas grave gracias a Jean no hubo problemas. De bastante peores había sacado a Pete.
Dead no tendría antecedentes. Su ficha policial seguía limpia y nadie de su círculo profesional se había enterado.
Había sacado dos cosas de estar en el calabozo: la primera era que la máscara no siempre sirve si tus compañeros te venden (se deshizo del uniforme de cruzado satanista rápidamente).
Y la segunda que nos debía favores. Y eso según sus principios era doble lealtad, lo que poco después yo convertiría en sometimiento. Era una persona que no perdonaba los actos de perfidia y traición.
Ya era nuestro. Teníamos nuestro propio ángel destructor. Ahora habría que atarle al palo de la razón y herrarle en la dignidad apartando instintos de venganza contra el mundo para aleccionarle. Sería difícil y llevaría su tiempo, pero no imposible.

Lo que me hacía tener pensamientos de responsabilidad era… ¿y si no aguantaba mis planeadas acciones futuras? ¿Y si volvía a ponerse esa máscara luciferina en su corazón? Ya veríamos que pasaba, pero no toleraría faltas de indisciplina en los Sinners.

sábado, 9 de febrero de 2013

3. Dead Richardson o los arlequines bafométicos



La próxima persona que engrosó las filas de la familia de los Beautiful Sinners era un sádico, y en un futuro no muy lejano un drogadicto consagrado.
Ya tenía a Jean, mi mano derecha. La inocencia. Mi segundo y lugarteniente. La persona con más claridad espiritual del futuro grupo. Tendría que conocer por casualidad al humano más oscuro con el que me había topado para darme cuenta de que me apremiaba enrolar a alguien de estas características. Un ángel caído para encargarse del trabajo más sucio. El futuro general de mi guardia de corps. Ahora obtendría una mano dura, una mano izquierda.
No confundir oscuridad con falta de talento o estupidez. Era una persona brillante pero nada fácil de controlar. Le llamaríamos Dead Richardson. Dead por ser un tipo con un corazón vivo y muerto a la vez. Y Richardson porque era fotógrafo de moda (como el padre de Jean, lo que le uniría a él de una forma extraña e indisoluble) y su referencia en este mundillo era Terry Richardson. 

Yo admiraba una parte personal de Dead y su trabajo, si no me interesaba algo de la persona no ingresaba en los Sinners. Su trabajo era brillante, y era un tipo de ideas claras pero con el que se podía hablar. Muy dialogante y abierto de mente, o por lo menos hasta donde su lobreguez interior le permitía.
Dead era un fotógrafo gay anticristiano y cuya revolución interior se centraba en una extraña maldad artística. Tomaba el mal como método, pero era leal a los suyos. Ya se sabe que la oscuridad absoluta no existe. Igual que Jean no era un santo, Dead no era ningún demonio... ¿o sí? 
Tampoco hay que pensar que Jean fuese fuerte y Dead débil a sus impulsos ni al revés. Eran dos tipos con actitudes diferentes ante la vida, eso es todo. Dos personas a las que dirigir hacia un fin de maneras que nada tenían que ver la una con la otra.

Jean representaba mi bondad y Dead mi maldad. La persona y la bestia. Esa dualidad interior que llevaba dentro, como el Abraxas del Demian de Hermann Hesse. 

                                      


Si el budismo encarna los términos amor y humanidad la filosofía de Dead eran maldad y bestialidad. Era un satanista convencido. Si le golpeaban, no iba a poner la otra mejilla, si no un puño de indiferencia y de violencia descontrolada. Si le tratabas bien te amaría, si hacías lo contrario te destruiría. Un perfil relativamente fácil de manejar para mí (la mayoría de la gente le daría por imposible), pero por el que debería cambiar esquemas ya pensados como futuro rumbo de mi comunidad. Ya estaba centrado en que ideales serían el pilar de mi clan, y este personaje y su forma de pensar supondrían un reto para mí. Tendría que introducir matices y cambios a mi filosofía ideada durante años. Pero me era indispensable una fuerza de choque física y mental para el proyecto.
En este capítulo os contaré como conocimos a este tan despreciable como genial y atrayente. 

Como ya dije antes, los sábados salía a tomar algo con Jean después de beber y componer en su casa. Mi rutina nocturna era una hora de bici, unas series de abdominales, y los sábados lo mismo, ducha y a casa de Genie. Lo permitiese o no la resaca, era una cita ineludible con el deporte. Una rutina, un rito físico del que no debía pasar.
Picábamos algo con unas cuantas cervezas y a darle rienda suelta a la creatividad. Después mientras Jean se duchaba yo miraba el correo y el facebook y a ponernos en marcha. 

Íbamos a todo tipo de garitos, pero había uno que nos gustaba especialmente. Estaba decorado casi como el pub de la naranja mecánica, de una forma muy similar. (No explico como era este sitio por casualidad, mas tarde tendrá su relevancia en la historia). Cada detalle de esta historia está medido. El público era bohemio y las chicas fáciles. A este establecimiento siempre acudíamos solos. Era nuestra guarida. Tenía dos ambientes. Uno para charlar y otro para bailar, desde el indie mas típico hasta el industrial mas desacerbado, desde The Smiths hasta Ministry. Un pub de todos y para todos aquellos melómanos con ganas de divertirse sin lucir etiquetas ni separaciones de condiciones imaginarias. Apátridas musicales de ideología no determinada y condición social no perceptible a simple vista. Un garito copiado de películas de antaño, para melancólicos de movimientos culturales casi extintos, pero también de otros que estaban renaciendo. Un sitio en el que el reloj de arena de la moda pasajera y el producto prefabricado no corría. La meca del verdadero intelectual.  A primera hora servían cenas o podías pedir una copa de vino y un buen libro. Los bomberos de Farenheit 451 habrían sido apedreados si aparecían, como en una manifestación antisistema. Se respiraba la cultura de hace décadas, la contracultura de hoy.

                                       


Un día conocimos a Dead sin saber que era él y no llegamos a profundizar hasta mucho tiempo después hasta llegar a  ser hermanos de la misma fraternidad del pensamiento inadaptado.

Jean y yo estábamos con dos hermanas de mi antigua clase en una terraza antes de acudir a la disco pub antes mencionada. Estudiaba empresariales en esos años, solo me quedaba una asignatura para finalizar la carrera. Era mayor para ello al igual que Jean. Yo había preferido culturizarme y desarrollar otras formas de pensamiento, en eso era autodidacta (imagino que como todos). Los números no me apasionaban pero eran necesarios. Me interesaba mas la cultura, el arte, las religiones, la psicología (en especial el control de masas). El lado opuesto del cerebro que me tocaba desarrollar. Ya no iba a clase y trabajaba desde hacía dos años en el departamento de compras de una conocida empresa de muebles en la cual sabía que no iba a terminar, pero mientras encontraba otra cosa me valía para pagar facturas. Además pensaba que cuando la situación económica mejorase en el país montaría mi propio negocio. 
A estas chicas las había conocido dos años antes pero me dió por llamarlas en esos días. El sexo no era indispensable para mí, no era el típico joven que lo buscaba en cada antro los fines de semana. Lo había sido cuando estuve enamorado, sentimiento que tenía desterrado y en que no menciono desde hace años. 


Sentados con estas dos hermanas vimos pasar cuatro chavales disfrazados o vestidos (no sabría decir si vestían así normalmente) uno de ellos con una cámara de vídeo grabando cada movimiento. Tenían bastante pluma, eran de corpulencia bastante importante y alguno parecía un toro. Su atuendo era curioso. Llevaban cruces del anticristo grabadas en negro en el pecho, y máscaras con el mismo color y símbolo. Iban de la misma forma, pero cada uno a su propio estilo. Diría que intentaban ser anti templarios o algo así. No era Halloween ni carnaval. Jean y yo pensamos que sería una especie de documental por la cámara que portaba uno de ellos, que utilizaba todo el rato grabando sus fechorías. Iban asustando a ese tipo de gente que piensa que uno debe de vestir y ser de una manera y solo de esa (el lector ya sabrá a que tipo gente me refiero). A nosotros ni nos molestaron, todo hay que decirlo. Las hermanas que nos acompañabas estaban indignadas. A mí me intrigaba esa actitud y Jean estaba literalmente flipando, pues había tomado algo al ir al baño una de las veces para relajarse, puera era muy tímido y las citas a ciegas le superaban. Creo que fui el único que notó algo de sus aficiones en el inodoro.
Me acerqué con él a preguntarles a esos seres bafométicos de que iba el asunto. Las chicas estaban demasiado asustadas como para acompañarnos.

Asustaban a la gente, tiraban sus refrescos y cervezas y les ungían con pintura roja en la frente llamándoles paganos e infieles. 
Me pareció injusto pero no podía evitar reírme. En el futuro Dead sería el cerebro de este tipo de fechorías y mucho peores, pero organización no increpaba a inocentes. Nuestra desobediencia era espiritual, no anti sistema. Nosotros no estaríamos en contra el sistema sino fuera de él. Pero para leer eso debes saber esperar, como   un condenado al patíbulo esperaba su hora. 

 Al acercarnos les pregunté sin personalizar mi duda. 
- ¿Es una especie de experimento sociológico o estáis de coña? 
 Uno de ellos, de los más fuertes, subió la cabeza y me miro con esos ojos enmascarados por símbolo que no me era afín. 
 Con una sonrisa maliciosa digo. - Esto es una forma de vida… una forma de pensamiento. Nos quejamos del mundo actual.
-Para hacer eso debes lanzar un mensaje al mundo. A mi me parece que intentas intelectualizar algo que no tiene por donde cogerse. Llevas la cruz invertida y atacas a gente  de la que no sabes nada. No sabes si a los que increpas son de religiones monoteístas o no. Me hace gracia, pero no le veo legitimidad. Gritas proclamas de libertad sexual, de pensamiento y de fuera el capital. Molestas a obreros como tú. Todo el que trabaja para otro es tan proletario como el que más, y atacas sin ton ni son. No sabes si son empresarios o trabajadores por cuenta ajena. No comprendo de qué vais. Y no quiero problemas. Pregunto de verdad. Me intriga todo esto. Y tomo nota de todo lo que veo.
 -Vaya. Me dijo. Tú y yo volveremos a vernos y hablaremos largo y tendido. Es difícil encontrar a otro iniciado... Y salieron corriendo como arlequines luciferinos.
-No estás en ningún viaje iniciático, estas molestando a la gente.
-Dudo que llegase a escucharlo, y de haber sido así habríamos tenido un problema.
En ese momento Jean me dijo: como performance si fuese permitida está genial. Pero ese personaje... Hay gente para todo.

                                      


Otro día, a los dos semanas más o menos, vimos otra vez a esos cuatro jinetes del apocalipsis de la extravagancia (faltaba uno, que esperaba que en el futuro no fuésemos ni jean ni yo). Ya no llevaban túnicas pero sí esas extrañas máscaras. Sería para no ser reconocidos.
El chico que habló con nosotros llevaba dos electrodos que se comunicaban con una antigua máquina portátil. Uno tomaba notas, otro llevaba la dichosa cámara digital (me gustaría ver cuantos vídeos tenían grabados, eran los jackass de lo no establecido, los enemigos de la moral, en otros tiempo habrían ardido en una hoguera a la vista de todos y ahora eran mirados con terror). El cuarto iba chillando (el afilador, el afiladoooor) como un desequilibrado sentado en una banqueta fácil de llevar.
El líder giraba la manivela de esa extraña máquina, y daba descargas al de la banqueta. A veces en la cabeza, otras en los genitales... El electrocutado se retorcía de dolor y todos se partían de risa. ¿Forma de vida y arte o estupidez?.  La gente miraba espantada.
Esta vez no nos acercamos, no queríamos que nos relacionaran con ellos. Pero su líder me miró sonriendo y me guiñó un ojo. No se había olvidado de nosotros.


Vino corriendo hacia donde estábamos situados. Nos pusimos en tensión, aunque sabíamos que el tipo de gente al que le gusta atemorizar no tenía nada que ver con Jean y conmigo.
 -¿Qué pensáis que significa esto?-.
 -¿Demostrar que los verdaderos locos que son ellos?. Yo que sé. Dijo Jean mirándole fijamente con desprecio.
 -Vaya, veo que estáis en la misma onda.
 -Ya te dije que ese no sería mi estilo, le interrumpí. Hacéis las cosas por hacer, no le dais significado a nada.
 Me preguntó que creía que significaba por segunda vez.
 - Dímelo tú.
 Ahora ya se le notaba la pluma, pero no le hacía parecer menos terrorífico y desequilibrado.
-Mis amigos creen que son simples sustos que le damos a los mea pilas y los beatones para reírnos de ellos... y he de reconoceros que esta vez yo también. Me gusta vuestro estilo de pensar. Como ya os dije un día nos veremos por ahí y hablaremos de nuestras cosas.
Y otra vez salió de allí a toda prisa.
 -Jean tenías razón. Hay gente para todo. Estos tíos están locos.

Este prototipo de caos bípedo me interesaba muchísimo. En aquella época dudaba si podría llegar a controlarlo.
Jean y yo seguíamos haciendo nuestra vida por separado y cuando estábamos juntos escribíamos letras, pero también relatos sobre el desencanto generacional y la muerte de las ideas. Eran las bases de los que después sería una especie de religión para el grupo. Digo especie porque nunca me han interesado en demasía las religiones, sino los mensajes que las preceden. El grupo de Jean cada vez iba mejor y él estaba cada vez mas contento y mas agradecido. Su forma de pensar cada vez difería menos de la mía y se acoplaba más a mis discursos. Y eso que todavía no había puesto en práctica mis artimañas de control mental. Las pondría en funcionamiento cuando fuésemos los suficientes para comenzar. Drogas y privación del sueño. Pero de eso habrá tiempo para hablar mas adelante. Con Jean y los primeros miembros en enrolarse en la organización no me hacía falta, y era muy pronto para experimentar con ello. Jean debía ser mi mano derecha, el más leal y fanático de todos...


Continúa con la segunda parte del capítulo 3, en el que nos metemos en una pelea a favor de Dead y sus amigos y en el que estos arlequines cometen una serie de delitos en el cementerio y la policía se lleva a Dead Richardson esposado...

lunes, 4 de febrero de 2013

Continuación de 2. Jean Genie o marionetas en el trastero.



En lugar de enfadarse, Pete me abrazó riendo como una hiena en celo. (Tenía que tener cuidado, pues es posible que así fuese).
Él pensaba que la satisfacción es la muerte del deseo. Eso me salvaba. No se si se metería el pene entre las piernas poniéndose ropa de mujer o coqueteaba con hombres sin llegar a consumar. Pero yo notaba que jugaba en esa delgada línea de su sexualidad sin dejar de ser heterosexual. O por lo menos eso creía yo, sin llegar a importarme demasiado.






Lo del corte en la espalda le había excitado y se notaba, era un sádico enfermo. Solo me faltaba averiguar si Jean era de la misma naturaleza. De ser así sería fácil amaestrar su voluntad con regalitos especiales como amiguitas sadomasoquistas, pero prefería que su inocencia no fuese solo un espejismo. El colmo de la decadencia (un maníaco sexual) no me gustaba para primer discípulo y principal lugarteniente. El primero debía ser puro.


Pete trajo una botella de Jack y comenzamos a libar mas que las abejas y los apicultores de todos los panales de la baja California juntos. Este tipo no era tan estúpido como parecía, sabía salir de situaciones difíciles. Había quedado como un cobarde y yo había demostrado ser superior, pero astucia no le faltaba. Podría haber sido bastante peor para él.



-¿Conoces el juego de rol creativo?. Me preguntó con un chupito de Jack Daniel`s en la mano.

-Jugar a disfrazarme de elfo y tirarme por terraplenes con un carcaj no es lo mío.
Intentaba caerle bien para acercarme a mi presa. La situación puede recordar a esa en la cual uno intenta agradar a las amigas de la chica que le atrae. Tenía claro que había venido a por Jean. Necesitaba organizar mi clan para ejecutar mi obra cuanto antes.

-Jajaja- rió. No hombre no. Hay muchas clases de juegos. Por ejemplo hay uno en que se fingen crímenes, pero sin víctimas reales. Es el preferido de Jean. Dice que no es nada raro, es solo arte. Una performance. Así se inspira para escribir sus partes de guitarra.
En ese momento supe que había encontrado a mi segundo. Alguien capaz de hacer algo así como fantasía haría todo lo que dijese cuando me hiciese con sus anhelos. Cuando fagocitase su aquiescencia moral. Necesitaba la aguja del consentimiento de su ser, como el diabético necesita la insulina.

 -Digamos que no juego con nenucos, pero parece interesante.

- Eres realmente gracioso. Todavía no se tu nombre. Podríamos llegar a ser verdaderos colegas.

Lo dudo (pensé). Le di un nombre falso y me dispuse a ganarme mi osito de feria por el que había venido a jugar, mi querido Jean Genie.


Antes de asegurarme de que habría un ambiente pacífico y agradable para todos y dejar a mis amigos a solas con Pete les expliqué una versión dulce de lo que había ocurrido. Les dije que me había cortado porque el alcohol había actuado por mí y no era perfectamente consciente de lo que hacía, y era una especie de broma. El susto de ver a Pete fuera de su ser me había hecho volver en mí. (Por supuesto que eso era mentira como estará pensando el lector y puede estar muy tranquilo. En este relato no se pretende engañarle, se pretende que se una a mi clan como mi sucesor y purgador de pecados y errores, por eso todo se le explica de la forma en que lo haría el Dios omnisciente de esta historia si que hay uno. Por ello confío en que el lector es una persona equilibrada y sabe distinguir entre el bien y el mal. También debe tener una personalidad definida y unos principios propios. Ser racional. Me da igual que sea buena o mala persona, eso depende de uno mismo. Lo intolerable es que se deje influenciar por este relato. De darse cuenta de que está siendo así, el lector mismo debe soltar este documento y deshacerse de él).

Solté ese embuste pues siempre me ha gustado separar mis dos mundos. El mío del de mis conocidos. Y más si no son aptos para el clan. Separar las dos partes de mí. El yo exterior (la persona) del yo interior (la bestia). Las emociones de los instintos. En aquella época todavía se podía decir que ambas partes encajaban bien.

Una vez verbalizado el discurso del falso beodo fui a hablar con Mr Genie. Estaba allí de pie observándome como quien mira un titán. Y como el Polifemo que era para sus ojos yo le iba a dar el gigante  que me pedía.

Imagino que sería la primera vez que veía a alguien enfrentarse a Pete y mucho menos dejarle de cobarde. Al acercarme allí ya había apartado sus ojos de mí y estaba hablando con un ejemplar de mujer muy atractiva. Por lo visto era la bajista de la banda, me sería fácil atraer a esta mujer hacia mí. Pero no, debía centrarme. Yo no venía a estos conciertos a flirtear. Debía dejar a esta valquiria para más tarde.

-Hola Jean.

-Hola y gracias por haberme defendido- me dijo tembloroso y con timidez. Tan solo un hilillo de voz salió de su sensual y carnosa boca.
-Solo he dicho lo que pensaba. Tienes verdadero talento. Es como si pudiese sentir tus emociones al escribir tus dos canciones. (Sin duda las mejores del semi - álbum)

Le solté el discurso que sabía que quería escuchar sobre Misfit. Una diatriba sobre el desencanto de la sociedad, el vacío espiritual y moral que abundaba, la tríada de corrupción de banqueros, políticos y sindicatos que asolaba el país, los inadaptados que se multiplicaban en una economía en declive insolidario, la eliminación de la clase media motor de los pueblos y de la falta de confianza y oportunidades para el futuro que es la juventud. Las televisiones absorbían el tiempo y los sueños de niños mujeres y hombres. Programas sin esencia ninguna o debates estúpidos sobre política. Se había conseguido tirar las pirámides del librepensamiento. Pan y circo. Nada como ganar un mundial de fútbol para controlar a una masa por unos meses. Se emasculaban los sistemas morales de los individuos con programas de corazón... un verdadero asco de panorama.

Con Puppets in the junk room me esforcé más y dejé de soltar clichés por la boca e intenté ahondar en que traumas tenía Jean con preguntas afiladas no para hacer daño, sino para cortar las barreras de su retraimiento.

- Jean sobre tu otra canción Puppets... Me gustaría saber que intentabas expresar con ella que la motivó.

-Puppets in the junk room no trata exactamente de lo que te dijo Pete. No tiene nada que ver con despertar la infancia, nunca escucha y no se entera de nada. Nunca se ha preocupado de mis motivaciones como estás haciendo tú. De hecho, nadie lo hizo jamás. Solo se preocupan de la parte artística, de la escenografía y de que las letras sean lo mas grotescas posibles para llamar la atención. A veces me aburro.
La canción quiere recordar todos aquellos traumas, problemas o gente que pasó por nuestra vida y que nos acompañan de la niñez o adolescencia hasta la edad adulta. A veces los ignoramos, pero siempre acaban renaciendo persiguiéndonos por los caminos tortuosos del subconsciente. Un sueño, un recuerdo... Esas son sus manifestaciones, como un demonio poseyendo nuestras cabezas.

 -¿Quieres hablar de ello?

 -No hablo de eso desde hace años, es un asunto personal. Pero puedo explicarte ciertas frases del tema.
Y así lo hizo. Estuvimos toda la noche y la mañana del día siguiente charlando. Era muy buen conversador.







Puppets in the junk room (marionetas en el trastero)

why do blank faces
has to frustrate this?
black heart, injuries
kidnapping of senses

Puppets in the junk room
running without legs
how can we escape
from comdemnation of hell?




Get out get out
you throw me sand to eyes
dreams are forbidden
I wont cry out loud
get out

You are too far from your land
Woman of babylon: Dont explode
time will pass across the sun
clocks are broken on our road


When can I destroy your throne?
Couldnt I beat it before?
Look at me look at my eyes
every soldier has to load.

Get out get out
you throw me sand to eyes
dreams are forbidden
I wont cry out loud
get out


Its so hard to hear
how amazing they can be
for people like you and me
all thats left for us is fear

Maybe depression is near
People say puppets cant see
but believe me
with or without gears
eyes washed away with tears.


 La noche siguiente acabamos en su pequeño apartamento (Jean vivía en la capital para estudiar en un apartamento pequeño él solo, su madre era de provincia. Lo poco que ganaba con el grupo servía para pagarse parte de los gastos, pero por aquel entonces necesitaba la ayuda de su madre para ir tirando). Terminamos la noche con dos chicas, una era la bajista. Pero al contrario de lo que piensas yo me quedé con la otra. Bueno eso antes de compartirlas. Con este buffet libre de curvas comenzó una bonita amistad... o algo parecido.
Quedábamos todos los sábados. Los viernes los dejábamos para otros amigos. En aquella época quedaba con los de su grupo o los amigos de la universidad. Yo quería que su confianza fuese creciendo, que se socializase. Y nunca he querido que los miembros de mi clan fuesen infelices. Quería que reclutase a más miembros, una familia de dos no era una familia.
Bebíamos, íbamos a su apartamento a componer (al poco tiempo casi todas las letras de Alices Pills eran nuestras).


Cuanto más componíamos juntos más se iba creyendo su talento y mas protagonismo tenía en la banda. Empezaban a ser realmente originales, y no una copia barata de grupos de rock industrial de los 90. (A los seis meses de empezar a componer juntos les fichó una discográfica, y eran teloneros de grupos indie conocidos en el país). En cuanto a su carrera de publicidad le encontré unas prácticas bien pagadas. Estaba fidelizando su afecto. No se puede decir que no tuviese ánimo de lucro, pero es que además este chico me empezaba a caer bien.
Pasadas varias semanas, con una amistad en ciernes, retomamos el tema de sus traumas. De sus problemas guardados en el mueble de su corazón.

Hablamos otra vez de la canción Puppets in the junk room para hacerle unos arreglos. Esto empezó porque me quería contar algo relacionado con el tema y para facilitarle las cosas le sugerí que retocáramos el tema. Así se relajaría y se abriría más. Queríamos mandar un mensaje más amplio.
Mi idea era que abriera su mente expresando rabia, y luego introducir el mensaje de que los niños pueden ser los seres más crueles que andan sobre la faz de la tierra. Esa inquisición en miniatura, esa guardia liliputiense que puede estrujar almas como lo hacen con sus juguetes usados o sus cuadernos de pinta y colorea. Son amaestrados bajo la idea de que lo diferente es el enemigo, lo extraño es caca y cuando cumplen unos años a esa caca se le pone de sobrenombre pecado. Así crecen y la cosa no cambia.
Esa era la letra que debió ser desde el principio para estos fans de Alicia en el país de las Maravillas. Ese sueño de Alicia de perseguir al conejo, de salir de su madriguera para aceptarse a sí misma como era de verdad. Ese entrar a través del espejo en la segunda parte de la novela (que poca gente conoce) para ver su mundo interior, aprender de sí misma y así enfrentarse al mundo.






Jean interrumpió esa reflexión. Habíamos hablado de política, de nuestras vivencias más triviales, bromeado, charlado sobre viajes, antiguos amores, compartido mujeres varias veces... Pero lo que venía ahora me hizo conocerle de verdad. Aviso al lector que es un asunto desagradable.

 -¿Puedo contarte algo? Es personal.

 -Claro. Le dije. Le noté nervioso así que le aconsejé lo típico. Tranquilo, tómate tu tiempo, para cuando quieras y no tienes que contarme lo que no te haga sentirte cómodo.

 -Es sobre que me hizo escribir la canción. Es curioso que me cueste tanto hablar de ello, cuando hace tiempo iba de psicólogo en psicólogo con esta retahíla.

 -No te preocupes Jean. Soy todo oídos.

 -Bien. La cosa comenzó a mis ocho años...
Mi vecina y yo salíamos bajar a jugar al trastero cuando llovía, lo que mas nos gustaba era el scalextric. Mi madre nos dejaba la llave y bajábamos solos. Era totalmente seguro. En aquellos años vivíamos en una urbanización cerrada. De casa al ascensor, del ascensor al trastero y viceversa. Solíamos estar allí horas, olvidándonos del mundo exterior. Pero a veces estaba ocupado por mi padre. Antes del primer conato de divorcio mi padre era mi mejor amigo, después de él pasó a convertirse en un extraño.
Pues bien, cuando estaba mi padre (el cual era una persona seria y muy estricta), entreabríamos la puerta para ver que hacía. Ese nerviosismo de ser pillados espiándole despertaba nuestra adrenalina… y eso a unos críos siempre les encanta. Risas nerviosas, codazos… jajaja buenos tiempos. Mi padre iba allí o eso decía a adelantar trabajo los fines de semana y a leer.
Desde la puerta le veíamos mover un brazo… luego otro… y llevaba una toalla. No entendíamos bien que trabajo adelantaba así, haciendo ejercicio. Luego sacaba sus bocetos (aunque era fotógrafo siempre dibujaba antes lo que iba a plasmar en su cámara). Nada extraño.
Al año siguiente mis padres casi se divorcian. Por lo visto él la había engañado y había pegado a una madre una E.T.S. (enfermedad de transmisión sexual). No se por que le perdonaría , imagino que por mí y mi hermana pequeña.
Pasaron los años, cinco exactamente y mi vecina pasó a ser mi primera novia. Bajábamos al trastero sin permiso, pues habíamos copiado la llave una vez que se fueron de viaje.
Íbamos allí y ella jugaba con un mando que ya no era el del escalextric… algo un poco más íntimo, ya me entiendes. Un beso por aquí, otro por allá… nada importante.
Uno de esos días ella me dijo que le gustaría que empezase a hacer ejercicio, y nos acordamos de las mancuernas de mi padre. Bajamos al trastero y abrimos unas cuantas cajas buscándolas.
-Que tu padre fuese un vigoréxico putero no es para tanto. Mira mi abuela tiene brazos de camionero. Encima no hace ejercicio es así de gordita y le encantan los hombres. (Le interrumpí ex profeso, pues una lágrima asomaba por su ojo izquierdo. Si quería escuchar el final de la historia y que se abriese a mí, debía tranquilizarle con alguna tontería graciosa).

-Jaja, que idiota. (Me rogó que no le volviese a interrumpir y prosiguió).
Pues… abrimos cajas. Que si la cuna de mi hermana, unos cuantos juguetes viejos, libros de texto… esa no es.
Que si una cubertería de plata para navidad… esa tampoco. Por fin dimos con ella. Dos mancuernas, fotos de señoras desnudas, parecían cuerpos inertes sin vida… Aunque mi padre fuese fotógrafo de moda ese podía ser su  trabajo más artístico. Un momento… ¿un vibrador? Pfff  me dijo ella. Aunque era pequeña estaba muy espabilada para su edad. Si vieses lo que usan mis padres… Y de repente… recortes de periódico de exhumación de cuerpos y fotografías grapadas a esos recortes de mi padre desnudo… copulando con esos cuerpos. En otras salía otro señor al que mi padre fotografiaría. Y en otras ese otro señor con mi padre. Mi vecina que ya no novia desde ese preciso momento salió corriendo de allí. Yo me quedé pasmado mirando a la personificación del ridículo plasmado en papel. Mi padre.


Los años pasaron y me enteré de que esa ETS que mi padre le pegó a mi madre fue transmitida por un ser sin vida. Bien en ese instante pensé mi padre, personificación de estabilidad familiar y mi prototipo de ser viril era un puto marica y un enfermo, y tal cual se lo grité a la nada que tenía delante y que iba apoderándose de mí. ¡Marica, enfermo!. 




              Ilustración de:
http://lasilustracionesdepoppins.blogspot.com.es/?m=1                            

(no era nada personal, Jean no tenía nada en contra de este colectivo. Era la rabia del momento y que a un niño de esa edad la palabra tolerancia no le suena de nada como concepto y no usa expresiones como gay u homosexual precisamente. En mi clan no habría tolerado ese tipo de pensamiento arcaico. Debíamos ser la nueva generación del pensamiento) ,  Pero la rabia no se diluía. Llegué a preguntarme si hacía pesas o se masturbaba cuando le mirábamos.
Por supuesto mi novia me dejó (no fui el único mi madre se divorció de mi padre), y todo el colegio se enteró. Me llamaban el hijo del doctor Frankenstein y me dieron palizas durante meses, hasta que me cambié de casa y colegio.
Mi padre al año de firmar el divorcio apareció colgado en el trastero. De su amigo y compañero de fetiches enfermizos nunca supimos nada.
Pues de eso trata mi canción.

-Vaya Jean, lo siento.

-No pasa nada. Un psicólogo me trató y me dijo que expresase mi ira mediante el arte. De ahí mis performances de muñecos y mi pasión por la guitarra, algo bueno me dejó.

-Sin estas vivencias no sería lo que soy hoy.

Pude ver que estaba a punto de desvanecerse y le abracé fuerte. Jean empezó a llorar con una desesperación interior que no he vuelto a ver, y he visto muchas cosas. Me apretó contra su pecho.
Me lo había ganado. Jean Genie ya era mío.