Con el incidente de Dead tan reciente preferí
tranquilizar nuestras ansias de cambiar el mundo tan pronto. Las cosas deberían
ir paso a paso. Por ahora las cosas habían ido rodadas, pero no me podía
permitir errores ni más peripecias estrambóticas.
Debido a mis alocuciones, Jean y Dead empezaron a hermanarse en
sentimientos frustrados de glorias frenadas por la crisis económica e
inmaterial de Occidente.
Yo seguía con mis dudas sobre las tendencias
morales y el autocontrol de Dead. Tampoco quería pasarme tirando de sus
riendas, a ver si iba a tirar demasiado y a cortarle las alas que le hacían
especial. No quería moldear ese barro para quitarle su lado salvaje. No quería matar ese Pegaso de la fogosidad que atizaba las llamas de
su corazón.
Tenía que tratar el tema con mucho recelo.
(Fotografía de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)
Tenía que tratar el tema con mucho recelo.
Una de las medidas a tomar era quedar con él,
ganarme su lealtad y trabajar desde dentro con sus conocidos. Pero la gente que
le rodeaba en su trabajo etc… no los gamberros a los cuales ahora Dead odiaba.
Le convencí que una venganza contra esos seres inferiores sería mancharse las
manos para nada, ya que le tenían demasiado miedo como para intentar nada por
dejar su grupo de espantapájaros de la cristiandad.
Dead nos presentó a su círculo más cercano de
amigos y amigas de verdad.
Esto me llevó a conocer a la primera mujer del
grupo. Una belleza mal cuidada por su ex pareja con un don para expresar
emociones. La llamamos Mad Moon. Moon porque se parecía a una actriz y modelo
conocida en el underground y las películas de terror como Sheri Moon y Mad
porque cuando nuestro grupo se terminase de fundar y se fuese radicalizando
ella iría mutando con él. Cuanto mas animales nos volviéramos, mas iría
cambiando su carácter hacia una hidra con tres cabezas de crueldad, falta de
empatía y disfrute del dolor ajeno. Era de esas personas que no era perversa
porque no conocía la maldad. Hacía lo que le salía de dentro. Fuese bueno o
malo, no se dejaba llevar por sentimientos oscuros, solo por lo que creía que
debía hacer en cada momento.
Cada peldaño hacia el infierno que fuésemos dando, más se pervertiría su psique. Con ella empezó el primer molde de los
Sinners. Ya seríamos suficientes para empezar el camino.
Pero faltarían más por
llegar...
En palabras de Dante:
Oh vosotros los que entráis abandonad la esperanza. Muchos dirían eso de los
Sinners cuando pasaran los meses, pero en ese momento era todo lo contrario.
Y a mí también me pasó lo contrario al pasar
el umbral de ese piso.
Dead iba a una fiesta de unas amigas, y nos
preguntó si le queríamos acompañar. Para Jean y para mí era un favor. Conocer modelos,
chicas guapas, interesantes y deseosas de conversaciones mínimanente
interesantes para salir de la trivialidad. Y gente normal y con sentido del
humor que no las juzgase. Podrían reírse y disfrutar por unas horas antes de volver
a sus vidas hambrientas de comida y emociones. Habíamos ido ya a algunos
ágapes pero esta vez la fiesta quedaría en
nuestro recuerdo.
Nos abrieron una puerta que daba a un pasillo
pero en la que justo enfrente estaba la cocina. Dejamos allí la bebida y cosas
para picar que llevábamos y seguimos por un pasillo de techos altos típico
de antiguas casas de barrios aristocráticos hasta llegar a un salón.
Entonces
le vi. Allí estaba. Clavado en la pared como el Cristo a la madera de la vida
humana desde su epifanía hasta el final de sus días.
Verlo fue como un puñetazo de vicodina.
Representaba el dolor, pero de una forma pausada. Como una muerte calmada por
la morfina. Su autora lo había titulado la muerte dulce. Un lienzo de mariposas
negras en relieve sombreado por muestras de rencor y odio hacia sentimientos
auto destructivos. Esas mariposas que oscurecen corazones y se posan en esa
esperanza, arrancando pétalo a pétalo de la pasión, polinizando con sufrimiento
y desidia cada flor de la buena ventura. Me hacía visualizar en mi mente los mejores
momentos de la nostalgia de mi olvido.
(Detalle de obra de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)
Me hacía reír de sufrimiento. Era la contraposición de obras que hacen llorar de felicidad. Me hizo sentir. Y eso era algo que no experimentaba desde hacía mucho. Alguien que ha desterrado el amor y los sentimientos románticos de su vida experimenta una ceguera de sensaciones y sensiblerías. Ya no siente el amor, pero se le desarrollan otras sensaciones. Puede llorar por una canción, o llegar a la catarsis por cosas como la obra de arte de la que hablamos. Y eso fue lo que me sucedió en ese instante. La pérdida de la fe en el amor es muy normal en esta sociedad psicológicamente enferma con complejo de Dios. Muchos seres inadecuados al sacrificio que es amar tratan los sentimientos como cuchillas de afeitar de usar y tirar. Para unos los cortes son tan necesarios para sentirse vivos como las caricias, los más cercanos a los hiperbóreos. Para los débiles al mínimo roce con el metal de la cuchilla sueltan la relación pues no conocen la lealtad y el amor a pesar de. Yo era de los primeros. Pero dejemos esto tema que no es necesario para la historia y refleja mi lado más celoso de ser desvelado. Este relato trata mas de mi bestia interior que de la indefensión.
(Detalle de obra de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)
Me hacía reír de sufrimiento. Era la contraposición de obras que hacen llorar de felicidad. Me hizo sentir. Y eso era algo que no experimentaba desde hacía mucho. Alguien que ha desterrado el amor y los sentimientos románticos de su vida experimenta una ceguera de sensaciones y sensiblerías. Ya no siente el amor, pero se le desarrollan otras sensaciones. Puede llorar por una canción, o llegar a la catarsis por cosas como la obra de arte de la que hablamos. Y eso fue lo que me sucedió en ese instante. La pérdida de la fe en el amor es muy normal en esta sociedad psicológicamente enferma con complejo de Dios. Muchos seres inadecuados al sacrificio que es amar tratan los sentimientos como cuchillas de afeitar de usar y tirar. Para unos los cortes son tan necesarios para sentirse vivos como las caricias, los más cercanos a los hiperbóreos. Para los débiles al mínimo roce con el metal de la cuchilla sueltan la relación pues no conocen la lealtad y el amor a pesar de. Yo era de los primeros. Pero dejemos esto tema que no es necesario para la historia y refleja mi lado más celoso de ser desvelado. Este relato trata mas de mi bestia interior que de la indefensión.
Como ya dije ese
cuadro turbó mi ser hasta catapultarme a mis ideas sobre el futuro.
Vi pasar mi futuro por delante de mis ojos . Les daría ideales a un puñado de jóvenes como
yo. Algo en que creer y por lo que morir. Algo que cambiase sus interiores. Que
les hiciese cometer actos en el nombre de esos ideales que jamás hubiesen
pensado que serían capaces.
Estaba inmerso en este soliloquio en mi mente
cuando entró ella. La autora del lienzo. Me fijé en que era muy atractiva.
Llevaba un bonito vestido a rayas negras y blancas que marcaba su perfecta
figura. Era como el código de barras de la sensualidad femenina. Una belleza
fina, con porte aristocrático. Un atractivo de clase, sexy pero con
estilo. Si no supiese que era la que había pintado ese cuadro con esas manos
quizá la habría observado con otro tipo de mirada mas sucia. Habría dado un
codazo a Dead y sonreído con cara de pillo. Pero al saber que ella sentía de
esa manera para plasmar algo así para mí era etérea. Guapa sí, ciego nunca he
sido. Pero estaba experimentando el síndrome de Sthendal. Algo tan bonito
dañaba mis pupilas, una chica con esa creatividad y esa forma tan especial de
expresarse era demasiado como para reducirla a un contorno y a un escote de
escándalo. Eso seguía ahí y me gustaba verlo, pero no la veía solamente como
mujer. La veía como un ser con la sensibilidad mas pura que había conocido. El
interior y el alma más apta para mi fin.
Me contó su drama esa noche, y admiré su fuerza a la vez que me apenaba su
experiencia.
Más adelante nos contaría su historia a todos, (que será revelada en el siguiente capítulo) y comprenderían muchas cosas de su personalidad.
Ella en algún momento de su vida había sentido
lo mismo que yo y lo había pintado. Ese rechazo de alguien que había amado de
verdad, o ese sentirse diferente, había experimentado esa soledad estando
acompañada. Ese desencanto de la sociedad que le rodeaba.
Haría lo posible porque formase parte del
clan. Y con ella empezaríamos nuestra cruzada contra los que nos hacían sentir
inadaptados, contra lo que nos hacía daño, lo que nos punzaba las entrañas
con punta de injusticia.
Semanas después nos enteramos de que
había un antiguo pederasta en el edificio. Mad Moon vivía en el tercero b y
este despojo en el primero de la misma letra. Hecho ideal para ver si mi
concepto de familia que luchaba por el ideal de lo ecuánime y justo funcionaba.
Por ahora disfrazaba mi plan con esos andrajosos ropajes de los justo. ¿Qué es
la justicia? Un pretexto para la justificación. Mis actos siempre irían
acompañados de un mensaje. Y de nuestra visión particular. De nuestros
principios. De lo que nosotros considerábamos bueno. Pero esos engranajes de la
idea de nosotros todavía no estaban totalmente sincronizados. Así que usaría la
mujer ciega portadora de la balanza universal. La justicia considerada como la
normal.
Todo el mundo odia a los pederastas. Y más la gente quemada por la llama del desencanto, la que cree que el mundo no
le ha puesto donde debe.
Comprobamos en la hemeroteca si era cierto y
Moon nos dijo:
-Ahí está. Es él.
Había abusado de aproximadamente doce niños
(que se supiese o se intuyese, pues algunos habían retirado las demandas
llegando a tratos). El perfecto profesor suplente.


Bien, tocaba planificar lo que llamaríamos
el "juicio". Sería un sábado a las once de la noche.
No voy a adelantar más datos al lector, para
no desvelar detalles y estropearle la lectura.
Llegó el sábado. Eran las diez y media de la
noche. La prueba definitiva de si estaba listo para controlar un grupo de
choque estaba aquí. La gloria o el abismo se abrían a mis pies. A Jean lo tenía
perfectamente controlado, Dead estaba adoctrinado pero era un león en estado de
doma, y Moon... aunque habíamos hablado y le había somatizado por completo pues
algo en ella era un espejo de mí mismo (aunque fuese la parte humana) y había
dicho que el pederasta merecía un escarmiento, no sabía como respondería, la
conocía desde hacía poco. Pero suponía que respondería a mi llamada.
Me faltaban armas importantes como dinero,
sexo, drogas... Pero como ya dije antes para mi guardia de corps no quería esas
argucias. Eso lo dejaba para el resto. Ellos debían ser leales de por sí, para
ello eran los elegidos para liderar el grupo.
Les hablé sobre la injusticia, el deber de
poner de rodillas a seres que abusaban de personas con mentes sin formar, de
los abusos de la sociedad, la falta de valores...
Tenía mis tres arcángeles de la idealización de la humanidad a
punto.
La fuerza de un hombre comienza en las raíces
de su determinación. No iba a competir con mi otro yo todos los días para no
convertirme en un ser insano.
En el Abel de la Biblia o el doctor Jekyll de
la novela de la novela de Robert Louis Stevenson. Abel era la idea de la
vagancia extrema y la dependencia en un ser superior para la supervivencia y
Jekyll del complejo de Dios. Intentando aislar su supuesto lado malo para
convertirse en una perfección vacía.
La sociedad se había empeñado en matar los
instintos. Yo proponía hacer lo contrario. Hacer lo de lo visceral una virtud.
Como el Lucifer o el Prometeo del siglo XXI
otorgaría a los míos la idea de la revolución. La llama de la superación.
Ante vosotros las sensaciones y desencantos de
una generación olvidada. La muerte del ideal en uno mismo, en sus sueños, en su
sino. La sociedad se había encargado de robar la esencia, la esperanza del ser
humano, de desproveer de adrenalina a los habitantes de ciudades deshumanizadas
por el poder.
Debía ilustrar de mis ideas a cada uno según
sus circunstancias y para los fines que pudiesen realizar:
La falta de un padre en la infancia de Jean
hacía que odiase a este educador felador de niños puber de una manera especial.
Hurgué en esos sentimientos de falta de figura paterna, de las perversiones de
su padre y del asco que daban los desviados.
Dead disfrutaba con el sufrimiento ajeno
cuando creía que lo merecía. Con esfuerzo habíamos canalizado esa crueldad. Usé
la ideología de Lavey de tratar mal a quien se lo merece y bien a quien no
merece ser maltratado. Cuajó bien en su mente, pues Dead ya la había ido
amueblando en esa dirección. Canalicé esa idea del odio cristianismo hacia la
parodia del mismo. Desmitifiqué su ideal del mal. Hice que su satanismo pasase
a ser un satanismo ateísta y no teísta. Debía creer en el concepto satanista,
no en el mal como Dios. (El concepto satanista que no satánico es relativamente
fácil de resumir: Hazte cargo de tus actos, de las consecuencias que de ellos
se sustraen. Defiende al débil solo si quieres no por obligación. Y lo mas
importante. Quiere al que te quiere, destruye al que te odia)
Y Moon en ese momento vital odiaba la figura
del hombre maltratador. Del que abusa, del que se cree más que la persona que
ama. O, en este caso, desea.
No voy a contar esos discursos pues no intento convencer al lector de nada, ni pretenden que me juzgue inocente.
Creí que era suficiente. Ya había insuflado el odio en sus hipotálamos.
Esa noche inventamos los nombres. Jean Genie, Dead Richardson, Mad
Moon. Y a mí simplemente no se referirían con un nombre,
no quería jugarme el pellejo con fallos de manual de policía.
Bajamos por las escaleras para no usar el
ascensor, y fijándonos mucho en que no pasase nadie. Ropa de saldo comprada
para la ocasión que después quemaríamos en el estudio de arte de Moon a las
afueras. Guantes de látex, calcetines de los que se pone la gente en las
piscinas que no llevan zapatillas y que nadan con ellos. Eso y mascarillas de
disfraz de dentista o médico debajo de los pasamontañas negros. Y para dar rasgos macabros y producir terror en nuestro asqueroso enemigo, máscaras de los médicos de la Edad Media. Esos que trataban la peste. Los que parecen caretas pene para producirle el mismo terror al falo que él había hecho tener a críos inocentes.
Los demás elementos de nuestro atuendo fueron comprados en un mercadillo del extra radio, pagado en metálico y que después sería
incinerado en la fragua de la muerte de las pruebas castigadoras de la lujuria. En la incineradora del
tío de Moon en las afueras. Ella tenía unas llaves pues a veces exponía allí
sus obras o daba fiestas usando ese lugar como galería de arte.
Jean llamó a la puerta diciendo que era el
administrador de la finca con la cabeza mirando al suelo, haciendo que
comprobaba la seguridad de la puerta. Mad Moon nos había comentado que este
hombre era muy confiado.
Ella esperaba nerviosa, Dead llevaba una
mochila y yo observaba todo. Los tres estábamos situados en la escalera.
Parecía que me viese desde fuera como en un
viaje astral, apostado en una columna tras la casa de un desalmado temblando de
cabeza a pies. Todo mi cuerpo se estremecía. Había partes de éste que estaba
notando por primera vez. No sabía ni que existían. Sudores fríos recorrían mi
nunca. Pensativo, el tiempo parecía no pasar. Los latidos de mi corazón
marcaban segundos eternos. Este
metrónomo natural delimitaba el principio o el fin de mis sueños de libertad.
Advertía que era la primera vez que algo me
apasionaba de verdad. Esa pasión que mantiene viva un alma. Puede que una
pasión enfermiza, pero al fin y al cabo la mía. Había estudiado, tenía hobbies
y trabajaba, pero jamás nada me había llenado tanto como para que se
entumeciesen mis extremidades ni se estremecieran así mis sentidos. El
agarrotamiento de un nudo en la garganta y la sequedad de una lengua que parecía
anestesiada.
Era nuestro bautismo de sangre. A ese hombre le entregaríamos la manzana con el veneno de la violencia más pura.

Era nuestro bautismo de sangre. A ese hombre le entregaríamos la manzana con el veneno de la violencia más pura.

Y allí estaba yo. A las puertas del laberinto
del Minotauro de la dignitas humana con la espada de mi propia Temis sin
ceguera pues la imparcialidad no existía en esa diosa de la justicia. Nosotros
éramos jueces y verdugos. Ese maldito enfermo ladrón de inocencia pagaría cada
juguete roto, cada lágrima derramada, cada desconfianza vitalicia, cada violado
por esas manos peludas sin amor a lo más sagrado, y lo mas inofensivo, los
niños. Seríamos amos y señores de nuestra verdad. Estableceríamos un orden
propio, el nuestro. Por encima de cualquier ética, legalidad e incluso
divinidad. Nos haríamos cargo de nuestro destino, de nuestras almas olvidadas.
No responderíamos ante lógica, religión, o gobiernos. Responderíamos ante
nuestro juicio mental. Y como ya dije antes el bien y el mal reside en cada uno
de nosotros, y depende cual alimentes en cada ocasión se hará cargo del acto
que cometas. No sabía si al entrar en ese piso nos adentraríamos en nuestra
perdición o en la gloria que llenase nuestra existencia.
Ese enfermo pagaría sus aberraciones con
moratones. El cuadro de Moon me inspiraba en este trabajo. Sacaría cada acto
impuro de este impío con cada golpe, como cada mariposa negra se posaba en el
que miraba ese lienzo arrebatándole la estabilidad momentánea de sus sentidos y
después salían volando.
Como se dijo en escuelas antiguas la letra con
sangre entra, en este caso los pecados con sangre saldrían.
El espantapájaros de la confianza infantil y
Mefistófeles de las asociaciones de padres de alumnos del abrió la puerta. Jean
irrumpió dentro y todos fuimos detrás del fan de Bowie. Había llegado momento
en que al culpable le tocara pagar cada vejación contra un menor. Doce en
total.
Diríamos en nuestras mentes al entrar en las
casas en cada de nuestros actos (los juzgados solo oirían nuestras voces si no
quedaba mas remedio): soy la mascarada de la equidad, soy el mal necesario.
Introducir rituales era bueno para que el grupo se mantuviese unido, y para
cambiar las creencias de mis sometidos por las que yo quisiese. Los ritos,
favorecen ese cambio.
Al entrar, Dead tiró al suelo al
"reo". Como ya dije, nuestro Minos particular llevaría a este hombre
al primero de sus infiernos. Le amordazó rápidamente y le ató de manos piernas.
Yo había elegido a Dead como el primer ejecutor, pues era el más diestro en
este arte.
Al terminar de atarle, Dead me lo dejó,
después de inyectarle un calmante que había conseguido pues su madre era ATS para que no gritase. El primer castigo sería
el mío...
Cogí un cuchillo de su cocina, esperé unos
instantes a que se adormilara y le hice ocho cortes en ocho de los dedos de las
manos cercenándolos, y cuatro puñaladas en los genitales. Habían sido doce
niños ( a dedo por niño), pero cuatro habían retirado su demanda quedando
impune por esos delitos.
La sangre chorreaba por sus piernas dando paso
al aborto de la masculinidad. Un olor dulce, como a vísceras, sangre, y algo
que no sabría especificar se abría paso entre nosotros. No era desagradable en
absoluto.
Los cortes de los dedos no dejaban de ser un
símbolo, pero el ataque a los genitales tenía un fin. La siega de sus
penetraciones contra la pubertad. Con ese arma cortaba esa guadaña fálica
punzante que tantas vidas representadas en sueños de amor e inocencia había
matado.
A él le mantendríamos con vida si es que no se
desangraba. Gracias a la duda de si viviría o no me di cuenta de que hasta
entonces había reclutado de forma visceral. Ahora necesitaba una persona con
conocimientos de enfermería y medicina, pues aunque la madre de Dead fuese ATS, ese tipo de preguntas de un hijo a su madre podría delatarnos en el futuro.Y a poder ser otra con propiedades de
gran superficie que podrían ser una casa con finca grande, rancho o algo
similar para ir aislando a mis súbditos aunque fuese por pequeñas temporadas e
ir dando forma a sus psiques a mi antojo como un alfarero juega con el barro.
En el fondo deseaba que ese enfermo mental
viviese. Quería que experimentase el sufrimiento de saber que su hombría había
desaparecido. Ya no se sentiría más que los menores a los que había atacado.
Moon, y Jean la emprendieron a golpes con él. Primero Jean le propinó una patada en la cara, y varias en los costados. Moon le propinó una serie de puñetazos. Moon y yo nos apartamos y fuimos al baño con nuestro reo. Allí sucedieron cosas que quedaron entre esos muros y nosotros, o por lo menos por ahora.
A continuación le cogieron dinero y su reloj de oro para que pareciese un robo de unos
desequilibrados.
Desmantelaron la casa y llenaron de caos ese
piso. Detrás de cuadros había mucho dinero, primeros fondos para gastos del
clan...


Dead me había sorprendido. No se había
extralimitado, funcionaba el trabajo que mi persona había realizado en su
cabeza.
Moon no había sido menos en mi orgullo, había
estado realmente la altura de las circunstancias.
Y Jean ya era para mí como mi sombra, no había
dudado de él en ningún momento.
Salimos de allí con normalidad.
Llegamos a casa de Moon, donde metimos todo en
varias bolsas, como si fuésemos a tirar restos de una juerga con bebidas
espirituosas y comida por doquier. Salimos como si fuésemos a quemar la noche
por los bares pero realmente fuimos a la sala de exposiciones ambulante de Moon
(el crematorio de su tío) a quemar los artilugios que habían sido testigo de
nuestros pecados. Metimos todo lo que nos pareció en el crematorio, esperamos un rato analizando lo
que había pasado y… parecería un truco de un ilusionista con el que tendríamos
un lance en el futuro. Magia, pruebas
que desaparecían.
Al terminar de quemar todo le dimos dinero a
un mendigo para que llamase al teléfono de emergencias. Se lo dijo Jean con el único pasamontañas que quedaba puesto, para no poder ser identificado. Moon lo quemaría días después.
Había pasado esa prueba
como líder. Y en ese momento me prometí a mí mismo que sería la única vez que manchase mis propias manos. Ya se verá si cumpliría esa promesa...
…………………………………………………………………………………………













