sábado, 9 de febrero de 2013

3. Dead Richardson o los arlequines bafométicos



La próxima persona que engrosó las filas de la familia de los Beautiful Sinners era un sádico, y en un futuro no muy lejano un drogadicto consagrado.
Ya tenía a Jean, mi mano derecha. La inocencia. Mi segundo y lugarteniente. La persona con más claridad espiritual del futuro grupo. Tendría que conocer por casualidad al humano más oscuro con el que me había topado para darme cuenta de que me apremiaba enrolar a alguien de estas características. Un ángel caído para encargarse del trabajo más sucio. El futuro general de mi guardia de corps. Ahora obtendría una mano dura, una mano izquierda.
No confundir oscuridad con falta de talento o estupidez. Era una persona brillante pero nada fácil de controlar. Le llamaríamos Dead Richardson. Dead por ser un tipo con un corazón vivo y muerto a la vez. Y Richardson porque era fotógrafo de moda (como el padre de Jean, lo que le uniría a él de una forma extraña e indisoluble) y su referencia en este mundillo era Terry Richardson. 

Yo admiraba una parte personal de Dead y su trabajo, si no me interesaba algo de la persona no ingresaba en los Sinners. Su trabajo era brillante, y era un tipo de ideas claras pero con el que se podía hablar. Muy dialogante y abierto de mente, o por lo menos hasta donde su lobreguez interior le permitía.
Dead era un fotógrafo gay anticristiano y cuya revolución interior se centraba en una extraña maldad artística. Tomaba el mal como método, pero era leal a los suyos. Ya se sabe que la oscuridad absoluta no existe. Igual que Jean no era un santo, Dead no era ningún demonio... ¿o sí? 
Tampoco hay que pensar que Jean fuese fuerte y Dead débil a sus impulsos ni al revés. Eran dos tipos con actitudes diferentes ante la vida, eso es todo. Dos personas a las que dirigir hacia un fin de maneras que nada tenían que ver la una con la otra.

Jean representaba mi bondad y Dead mi maldad. La persona y la bestia. Esa dualidad interior que llevaba dentro, como el Abraxas del Demian de Hermann Hesse. 

                                      


Si el budismo encarna los términos amor y humanidad la filosofía de Dead eran maldad y bestialidad. Era un satanista convencido. Si le golpeaban, no iba a poner la otra mejilla, si no un puño de indiferencia y de violencia descontrolada. Si le tratabas bien te amaría, si hacías lo contrario te destruiría. Un perfil relativamente fácil de manejar para mí (la mayoría de la gente le daría por imposible), pero por el que debería cambiar esquemas ya pensados como futuro rumbo de mi comunidad. Ya estaba centrado en que ideales serían el pilar de mi clan, y este personaje y su forma de pensar supondrían un reto para mí. Tendría que introducir matices y cambios a mi filosofía ideada durante años. Pero me era indispensable una fuerza de choque física y mental para el proyecto.
En este capítulo os contaré como conocimos a este tan despreciable como genial y atrayente. 

Como ya dije antes, los sábados salía a tomar algo con Jean después de beber y componer en su casa. Mi rutina nocturna era una hora de bici, unas series de abdominales, y los sábados lo mismo, ducha y a casa de Genie. Lo permitiese o no la resaca, era una cita ineludible con el deporte. Una rutina, un rito físico del que no debía pasar.
Picábamos algo con unas cuantas cervezas y a darle rienda suelta a la creatividad. Después mientras Jean se duchaba yo miraba el correo y el facebook y a ponernos en marcha. 

Íbamos a todo tipo de garitos, pero había uno que nos gustaba especialmente. Estaba decorado casi como el pub de la naranja mecánica, de una forma muy similar. (No explico como era este sitio por casualidad, mas tarde tendrá su relevancia en la historia). Cada detalle de esta historia está medido. El público era bohemio y las chicas fáciles. A este establecimiento siempre acudíamos solos. Era nuestra guarida. Tenía dos ambientes. Uno para charlar y otro para bailar, desde el indie mas típico hasta el industrial mas desacerbado, desde The Smiths hasta Ministry. Un pub de todos y para todos aquellos melómanos con ganas de divertirse sin lucir etiquetas ni separaciones de condiciones imaginarias. Apátridas musicales de ideología no determinada y condición social no perceptible a simple vista. Un garito copiado de películas de antaño, para melancólicos de movimientos culturales casi extintos, pero también de otros que estaban renaciendo. Un sitio en el que el reloj de arena de la moda pasajera y el producto prefabricado no corría. La meca del verdadero intelectual.  A primera hora servían cenas o podías pedir una copa de vino y un buen libro. Los bomberos de Farenheit 451 habrían sido apedreados si aparecían, como en una manifestación antisistema. Se respiraba la cultura de hace décadas, la contracultura de hoy.

                                       


Un día conocimos a Dead sin saber que era él y no llegamos a profundizar hasta mucho tiempo después hasta llegar a  ser hermanos de la misma fraternidad del pensamiento inadaptado.

Jean y yo estábamos con dos hermanas de mi antigua clase en una terraza antes de acudir a la disco pub antes mencionada. Estudiaba empresariales en esos años, solo me quedaba una asignatura para finalizar la carrera. Era mayor para ello al igual que Jean. Yo había preferido culturizarme y desarrollar otras formas de pensamiento, en eso era autodidacta (imagino que como todos). Los números no me apasionaban pero eran necesarios. Me interesaba mas la cultura, el arte, las religiones, la psicología (en especial el control de masas). El lado opuesto del cerebro que me tocaba desarrollar. Ya no iba a clase y trabajaba desde hacía dos años en el departamento de compras de una conocida empresa de muebles en la cual sabía que no iba a terminar, pero mientras encontraba otra cosa me valía para pagar facturas. Además pensaba que cuando la situación económica mejorase en el país montaría mi propio negocio. 
A estas chicas las había conocido dos años antes pero me dió por llamarlas en esos días. El sexo no era indispensable para mí, no era el típico joven que lo buscaba en cada antro los fines de semana. Lo había sido cuando estuve enamorado, sentimiento que tenía desterrado y en que no menciono desde hace años. 


Sentados con estas dos hermanas vimos pasar cuatro chavales disfrazados o vestidos (no sabría decir si vestían así normalmente) uno de ellos con una cámara de vídeo grabando cada movimiento. Tenían bastante pluma, eran de corpulencia bastante importante y alguno parecía un toro. Su atuendo era curioso. Llevaban cruces del anticristo grabadas en negro en el pecho, y máscaras con el mismo color y símbolo. Iban de la misma forma, pero cada uno a su propio estilo. Diría que intentaban ser anti templarios o algo así. No era Halloween ni carnaval. Jean y yo pensamos que sería una especie de documental por la cámara que portaba uno de ellos, que utilizaba todo el rato grabando sus fechorías. Iban asustando a ese tipo de gente que piensa que uno debe de vestir y ser de una manera y solo de esa (el lector ya sabrá a que tipo gente me refiero). A nosotros ni nos molestaron, todo hay que decirlo. Las hermanas que nos acompañabas estaban indignadas. A mí me intrigaba esa actitud y Jean estaba literalmente flipando, pues había tomado algo al ir al baño una de las veces para relajarse, puera era muy tímido y las citas a ciegas le superaban. Creo que fui el único que notó algo de sus aficiones en el inodoro.
Me acerqué con él a preguntarles a esos seres bafométicos de que iba el asunto. Las chicas estaban demasiado asustadas como para acompañarnos.

Asustaban a la gente, tiraban sus refrescos y cervezas y les ungían con pintura roja en la frente llamándoles paganos e infieles. 
Me pareció injusto pero no podía evitar reírme. En el futuro Dead sería el cerebro de este tipo de fechorías y mucho peores, pero organización no increpaba a inocentes. Nuestra desobediencia era espiritual, no anti sistema. Nosotros no estaríamos en contra el sistema sino fuera de él. Pero para leer eso debes saber esperar, como   un condenado al patíbulo esperaba su hora. 

 Al acercarnos les pregunté sin personalizar mi duda. 
- ¿Es una especie de experimento sociológico o estáis de coña? 
 Uno de ellos, de los más fuertes, subió la cabeza y me miro con esos ojos enmascarados por símbolo que no me era afín. 
 Con una sonrisa maliciosa digo. - Esto es una forma de vida… una forma de pensamiento. Nos quejamos del mundo actual.
-Para hacer eso debes lanzar un mensaje al mundo. A mi me parece que intentas intelectualizar algo que no tiene por donde cogerse. Llevas la cruz invertida y atacas a gente  de la que no sabes nada. No sabes si a los que increpas son de religiones monoteístas o no. Me hace gracia, pero no le veo legitimidad. Gritas proclamas de libertad sexual, de pensamiento y de fuera el capital. Molestas a obreros como tú. Todo el que trabaja para otro es tan proletario como el que más, y atacas sin ton ni son. No sabes si son empresarios o trabajadores por cuenta ajena. No comprendo de qué vais. Y no quiero problemas. Pregunto de verdad. Me intriga todo esto. Y tomo nota de todo lo que veo.
 -Vaya. Me dijo. Tú y yo volveremos a vernos y hablaremos largo y tendido. Es difícil encontrar a otro iniciado... Y salieron corriendo como arlequines luciferinos.
-No estás en ningún viaje iniciático, estas molestando a la gente.
-Dudo que llegase a escucharlo, y de haber sido así habríamos tenido un problema.
En ese momento Jean me dijo: como performance si fuese permitida está genial. Pero ese personaje... Hay gente para todo.

                                      


Otro día, a los dos semanas más o menos, vimos otra vez a esos cuatro jinetes del apocalipsis de la extravagancia (faltaba uno, que esperaba que en el futuro no fuésemos ni jean ni yo). Ya no llevaban túnicas pero sí esas extrañas máscaras. Sería para no ser reconocidos.
El chico que habló con nosotros llevaba dos electrodos que se comunicaban con una antigua máquina portátil. Uno tomaba notas, otro llevaba la dichosa cámara digital (me gustaría ver cuantos vídeos tenían grabados, eran los jackass de lo no establecido, los enemigos de la moral, en otros tiempo habrían ardido en una hoguera a la vista de todos y ahora eran mirados con terror). El cuarto iba chillando (el afilador, el afiladoooor) como un desequilibrado sentado en una banqueta fácil de llevar.
El líder giraba la manivela de esa extraña máquina, y daba descargas al de la banqueta. A veces en la cabeza, otras en los genitales... El electrocutado se retorcía de dolor y todos se partían de risa. ¿Forma de vida y arte o estupidez?.  La gente miraba espantada.
Esta vez no nos acercamos, no queríamos que nos relacionaran con ellos. Pero su líder me miró sonriendo y me guiñó un ojo. No se había olvidado de nosotros.


Vino corriendo hacia donde estábamos situados. Nos pusimos en tensión, aunque sabíamos que el tipo de gente al que le gusta atemorizar no tenía nada que ver con Jean y conmigo.
 -¿Qué pensáis que significa esto?-.
 -¿Demostrar que los verdaderos locos que son ellos?. Yo que sé. Dijo Jean mirándole fijamente con desprecio.
 -Vaya, veo que estáis en la misma onda.
 -Ya te dije que ese no sería mi estilo, le interrumpí. Hacéis las cosas por hacer, no le dais significado a nada.
 Me preguntó que creía que significaba por segunda vez.
 - Dímelo tú.
 Ahora ya se le notaba la pluma, pero no le hacía parecer menos terrorífico y desequilibrado.
-Mis amigos creen que son simples sustos que le damos a los mea pilas y los beatones para reírnos de ellos... y he de reconoceros que esta vez yo también. Me gusta vuestro estilo de pensar. Como ya os dije un día nos veremos por ahí y hablaremos de nuestras cosas.
Y otra vez salió de allí a toda prisa.
 -Jean tenías razón. Hay gente para todo. Estos tíos están locos.

Este prototipo de caos bípedo me interesaba muchísimo. En aquella época dudaba si podría llegar a controlarlo.
Jean y yo seguíamos haciendo nuestra vida por separado y cuando estábamos juntos escribíamos letras, pero también relatos sobre el desencanto generacional y la muerte de las ideas. Eran las bases de los que después sería una especie de religión para el grupo. Digo especie porque nunca me han interesado en demasía las religiones, sino los mensajes que las preceden. El grupo de Jean cada vez iba mejor y él estaba cada vez mas contento y mas agradecido. Su forma de pensar cada vez difería menos de la mía y se acoplaba más a mis discursos. Y eso que todavía no había puesto en práctica mis artimañas de control mental. Las pondría en funcionamiento cuando fuésemos los suficientes para comenzar. Drogas y privación del sueño. Pero de eso habrá tiempo para hablar mas adelante. Con Jean y los primeros miembros en enrolarse en la organización no me hacía falta, y era muy pronto para experimentar con ello. Jean debía ser mi mano derecha, el más leal y fanático de todos...


Continúa con la segunda parte del capítulo 3, en el que nos metemos en una pelea a favor de Dead y sus amigos y en el que estos arlequines cometen una serie de delitos en el cementerio y la policía se lleva a Dead Richardson esposado...

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