miércoles, 27 de febrero de 2013

4. Mad Moon o la muerte dulce.



Con el incidente de Dead tan reciente preferí tranquilizar nuestras ansias de cambiar el mundo tan pronto. Las cosas deberían ir paso a paso. Por ahora las cosas habían ido rodadas, pero no me podía permitir errores ni más peripecias estrambóticas. 

Debido a mis alocuciones,  Jean y Dead empezaron a hermanarse en sentimientos frustrados de glorias frenadas por la crisis económica e inmaterial de Occidente. 
Yo seguía con mis dudas sobre las tendencias morales y el autocontrol de Dead. Tampoco quería pasarme tirando de sus riendas, a ver si iba a tirar demasiado y a cortarle las alas que le hacían especial. No quería moldear ese barro para quitarle su lado salvaje. No quería matar ese Pegaso de la fogosidad que atizaba las llamas de su corazón.

(Fotografía de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)


Tenía que tratar el tema con mucho recelo.
Una de las medidas a tomar era quedar con él, ganarme su lealtad y trabajar desde dentro con sus conocidos. Pero la gente que le rodeaba en su trabajo etc… no los gamberros a los cuales ahora Dead odiaba. Le convencí que una venganza contra esos seres inferiores sería mancharse las manos para nada, ya que le tenían demasiado miedo como para intentar nada por dejar su grupo de espantapájaros de la cristiandad.
Dead nos presentó a su círculo más cercano de amigos y amigas de verdad.

Esto me llevó a conocer a la primera mujer del grupo. Una belleza mal cuidada por su ex pareja con un don para expresar emociones. La llamamos Mad Moon. Moon porque se parecía a una actriz y modelo conocida en el underground y las películas de terror como Sheri Moon y Mad porque cuando nuestro grupo se terminase de fundar y se fuese radicalizando ella iría mutando con él. Cuanto mas animales nos volviéramos, mas iría cambiando su carácter hacia una hidra con tres cabezas de crueldad, falta de empatía y disfrute del dolor ajeno. Era de esas personas que no era perversa porque no conocía la maldad. Hacía lo que le salía de dentro. Fuese bueno o malo, no se dejaba llevar por sentimientos oscuros, solo por lo que creía que debía hacer en cada momento.
Cada peldaño hacia el infierno que fuésemos dando, más se pervertiría su psique. Con ella empezó el primer molde de los Sinners. Ya seríamos suficientes para empezar el camino. 

Pero faltarían más por llegar...

En palabras de Dante: Oh vosotros los que entráis abandonad la esperanza. Muchos dirían eso de los Sinners cuando pasaran los meses, pero en ese momento era todo lo contrario.

Y a mí también me pasó lo contrario al pasar el umbral de ese piso.
Dead iba a una fiesta de unas amigas, y nos preguntó si le queríamos acompañar. Para Jean y para mí era un favor. Conocer modelos, chicas guapas, interesantes y deseosas de conversaciones mínimanente interesantes para salir de la trivialidad. Y gente normal y con sentido del humor que no las juzgase. Podrían reírse y disfrutar por unas horas antes de volver a sus vidas hambrientas de comida y emociones. Habíamos ido ya a algunos ágapes  pero esta vez  la fiesta quedaría en nuestro recuerdo.

Nos abrieron una puerta que daba a un pasillo pero en la que justo enfrente estaba la cocina. Dejamos allí la bebida y cosas para picar que llevábamos y seguimos por un pasillo de techos altos típico de antiguas casas de barrios aristocráticos hasta llegar a un salón. 
Entonces le vi. Allí estaba. Clavado en la pared como el Cristo a la madera de la vida humana desde su epifanía hasta el final de sus días. 



Verlo fue como un puñetazo de vicodina. Representaba el dolor, pero de una forma pausada. Como una muerte calmada por la morfina. Su autora lo había titulado la muerte dulce. Un lienzo de mariposas negras en relieve sombreado por muestras de rencor y odio hacia sentimientos auto destructivos. Esas mariposas que oscurecen corazones y se posan en esa esperanza, arrancando pétalo a pétalo de la pasión, polinizando con sufrimiento y desidia cada flor de la buena ventura. Me hacía visualizar en mi mente los mejores momentos de la nostalgia de mi olvido. 



                       (Detalle de obra de Carlota Pinto. Imagen sujeta a derechos de autor)



Me hacía reír de sufrimiento. Era la contraposición de obras que hacen llorar de felicidad. Me hizo sentir. Y eso era algo que no experimentaba desde hacía mucho. Alguien que ha desterrado el amor y los sentimientos románticos de su vida experimenta una ceguera de sensaciones y sensiblerías. Ya no siente el amor, pero se le desarrollan otras sensaciones. Puede llorar por una canción, o llegar a la catarsis por cosas como la obra de arte de la que hablamos. Y eso fue lo que me sucedió en ese instante. La pérdida de la fe en el amor es muy normal en esta sociedad psicológicamente enferma con complejo de Dios. Muchos seres inadecuados al sacrificio que es amar tratan los sentimientos como cuchillas de afeitar de usar y tirar. Para unos los cortes son tan necesarios para sentirse vivos como las caricias, los más cercanos a los hiperbóreos. Para los débiles al mínimo roce con el metal de la cuchilla sueltan la relación pues no conocen la lealtad y el amor a pesar de. Yo era de los primeros. Pero dejemos esto tema que no es necesario para la historia y refleja mi lado más celoso de ser desvelado. Este relato trata mas de mi bestia interior que de la indefensión.  

     
Como ya dije ese cuadro turbó mi ser hasta catapultarme a mis ideas sobre el futuro. 
Vi pasar mi futuro por delante de mis ojos . Les daría ideales a un puñado de jóvenes como yo. Algo en que creer y por lo que morir. Algo que cambiase sus interiores. Que les hiciese cometer actos en el nombre de esos ideales que jamás hubiesen pensado que serían capaces.

Estaba inmerso en este soliloquio en mi mente cuando entró ella. La autora del lienzo. Me fijé en que era muy atractiva. Llevaba un bonito vestido a rayas negras y blancas que marcaba su perfecta figura. Era como el código de barras de la sensualidad femenina. Una belleza fina, con porte aristocrático. Un atractivo  de clase,  sexy pero con estilo. Si no supiese que era la que había pintado ese cuadro con esas manos quizá la habría observado con otro tipo de mirada mas sucia. Habría dado un codazo a Dead y sonreído con cara de pillo. Pero al saber que ella sentía de esa manera para plasmar algo así para mí era etérea. Guapa sí, ciego nunca he sido. Pero estaba experimentando el síndrome de Sthendal. Algo tan bonito dañaba mis pupilas, una chica con esa creatividad y esa forma tan especial de expresarse era demasiado como para reducirla a un contorno y a un escote de escándalo. Eso seguía ahí y me gustaba verlo, pero no la veía solamente como mujer. La veía como un ser con la sensibilidad mas pura que había conocido. El interior y el alma más apta para mi fin.

Me contó su drama  esa noche, y admiré su fuerza a la vez que me apenaba su experiencia.
Más adelante nos contaría su historia a todos, (que será revelada en el siguiente capítulo) y comprenderían muchas cosas de su personalidad.

Ella en algún momento de su vida había sentido lo mismo que yo y lo había pintado. Ese rechazo de alguien que había amado de verdad, o ese sentirse diferente, había experimentado esa soledad estando acompañada. Ese desencanto de la sociedad que le rodeaba. 

Haría lo posible porque formase parte del clan. Y con ella empezaríamos nuestra cruzada contra los que nos hacían sentir inadaptados, contra lo que nos hacía daño, lo que nos punzaba las entrañas con punta de injusticia.


Semanas después nos enteramos de que había un antiguo pederasta en el edificio. Mad Moon vivía en el tercero b y este despojo en el primero de la misma letra. Hecho ideal para ver si mi concepto de familia que luchaba por el ideal de lo ecuánime y justo funcionaba. Por ahora disfrazaba mi plan con esos andrajosos ropajes de los justo. ¿Qué es la justicia? Un pretexto para la justificación. Mis actos siempre irían acompañados de un mensaje. Y de nuestra visión particular. De nuestros principios. De lo que nosotros considerábamos bueno. Pero esos engranajes de la idea de nosotros todavía no estaban totalmente sincronizados. Así que usaría la mujer ciega portadora de la balanza universal. La justicia considerada como la normal.

Todo el mundo odia a los pederastas. Y más la gente quemada por la llama del desencanto, la que cree que el mundo no le ha puesto donde debe. 

Comprobamos en la hemeroteca si era cierto y Moon nos dijo:
-Ahí está. Es él.
Había abusado de aproximadamente doce niños (que se supiese o se intuyese, pues algunos habían retirado las demandas llegando a tratos). El perfecto profesor suplente.

                                                    


Bien, tocaba planificar lo que llamaríamos  el "juicio".  Sería un sábado a las once de la noche.
No voy a adelantar más datos al lector, para no desvelar detalles y estropearle la lectura.

Llegó el sábado. Eran las diez y media de la noche. La prueba definitiva de si estaba listo para controlar un grupo de choque estaba aquí. La gloria o el abismo se abrían a mis pies. A Jean lo tenía perfectamente controlado, Dead estaba adoctrinado pero era un león en estado de doma, y Moon... aunque habíamos hablado y le había somatizado por completo pues algo en ella era un espejo de mí mismo (aunque fuese la parte humana) y había dicho que el pederasta merecía un escarmiento, no sabía como respondería, la conocía desde hacía poco. Pero suponía que respondería a mi llamada.
Me faltaban armas importantes como dinero, sexo, drogas... Pero como ya dije antes para mi guardia de corps no quería esas argucias. Eso lo dejaba para el resto. Ellos debían ser leales de por sí, para ello eran los elegidos para liderar el grupo.

Les hablé sobre la injusticia, el deber de poner de rodillas a seres que abusaban de personas con mentes sin formar, de los abusos de la sociedad, la falta de valores... 

Tenía mis tres arcángeles de la idealización de la humanidad a punto.
La fuerza de un hombre comienza en las raíces de su determinación. No iba a competir con mi otro yo todos los días para no convertirme en un ser insano.
En el Abel de la Biblia o el doctor Jekyll de la novela de la novela de Robert Louis Stevenson. Abel era la idea de la vagancia extrema y la dependencia en un ser superior para la supervivencia y Jekyll del complejo de Dios. Intentando aislar su supuesto lado malo para convertirse en una perfección vacía.
La sociedad se había empeñado en matar los instintos. Yo proponía hacer lo contrario. Hacer lo de lo visceral una virtud.
Como el Lucifer o el Prometeo del siglo XXI otorgaría a los míos la idea de la revolución. La llama de la superación.
Ante vosotros las sensaciones y desencantos de una generación olvidada. La muerte del ideal en uno mismo, en sus sueños, en su sino. La sociedad se había encargado de robar la esencia, la esperanza del ser humano, de desproveer de adrenalina a los habitantes de ciudades deshumanizadas por el poder.

Debía ilustrar de mis ideas a cada uno según sus circunstancias y para los fines que pudiesen realizar:

La falta de un padre en la infancia de Jean hacía que odiase a este educador felador de niños puber de una manera especial. Hurgué en esos sentimientos de falta de figura paterna, de las perversiones de su padre y del asco que daban los desviados.

Dead disfrutaba con el sufrimiento ajeno cuando creía que lo merecía. Con esfuerzo habíamos canalizado esa crueldad. Usé la ideología de Lavey de tratar mal a quien se lo merece y bien a quien no merece ser maltratado. Cuajó bien en su mente, pues Dead ya la había ido amueblando en esa dirección. Canalicé esa idea del odio cristianismo hacia la parodia del mismo. Desmitifiqué su ideal del mal. Hice que su satanismo pasase a ser un satanismo ateísta y no teísta. Debía creer en el concepto satanista, no en el mal como Dios. (El concepto satanista que no satánico es relativamente fácil de resumir: Hazte cargo de tus actos, de las consecuencias que de ellos se sustraen. Defiende al débil solo si quieres no por obligación. Y lo mas importante. Quiere al que te quiere, destruye al que te odia)

Y Moon en ese momento vital odiaba la figura del hombre maltratador. Del que abusa, del que se cree más que la persona que ama. O, en este caso, desea.

No voy a contar esos discursos pues no intento convencer al lector de nada, ni pretenden que me juzgue inocente.
Creí que era suficiente. Ya había insuflado el odio en sus hipotálamos.

Esa noche inventamos los nombres. Jean Genie, Dead Richardson, Mad Moon. Y a mí simplemente no se referirían con un nombre, no quería jugarme el pellejo con fallos de manual de policía.

Bajamos por las escaleras para no usar el ascensor, y fijándonos mucho en que no pasase nadie. Ropa de saldo comprada para la ocasión que después quemaríamos en el estudio de arte de Moon a las afueras. Guantes de látex, calcetines de los que se pone la gente en las piscinas que no llevan zapatillas y que nadan con ellos. Eso y mascarillas de disfraz de dentista o médico debajo de los pasamontañas negros. Y para dar rasgos macabros y producir terror en nuestro asqueroso enemigo, máscaras de los médicos de la Edad Media. Esos que trataban la peste. Los que parecen caretas pene para producirle el mismo terror al falo que él había hecho tener a críos inocentes.
Esas máscaras las había comprado en Venecia años antes por poco dinero. 






Los demás elementos de nuestro atuendo fueron comprados en un mercadillo del extra radio, pagado en metálico y que después sería incinerado en la fragua de la muerte de las pruebas castigadoras de la lujuria. En la incineradora del tío de Moon en las afueras. Ella tenía unas llaves pues a veces exponía allí sus obras o daba fiestas usando ese lugar como galería de arte.


Jean llamó a la puerta diciendo que era el administrador de la finca con la cabeza mirando al suelo, haciendo que comprobaba la seguridad de la puerta. Mad Moon nos había comentado que este hombre era muy confiado.
Ella esperaba nerviosa, Dead llevaba una mochila y yo observaba todo. Los tres estábamos situados en la escalera.

Parecía que me viese desde fuera como en un viaje astral, apostado en una columna tras la casa de un desalmado temblando de cabeza a pies. Todo mi cuerpo se estremecía. Había partes de éste que estaba notando por primera vez. No sabía ni que existían. Sudores fríos recorrían mi nunca. Pensativo, el tiempo parecía no pasar. Los latidos de mi corazón marcaban  segundos eternos. Este metrónomo natural delimitaba el principio o el fin de mis sueños de libertad.

Advertía que era la primera vez que algo me apasionaba de verdad. Esa pasión que mantiene viva un alma. Puede que una pasión enfermiza, pero al fin y al cabo la mía. Había estudiado, tenía hobbies y trabajaba, pero jamás nada me había llenado tanto como para que se entumeciesen mis extremidades ni se estremecieran así mis sentidos. El agarrotamiento de un nudo en la garganta y la sequedad de una lengua que parecía anestesiada.


Era nuestro bautismo de sangre. A ese hombre le entregaríamos la manzana con el veneno de la violencia más pura.

                                        


Y allí estaba yo. A las puertas del laberinto del Minotauro de la dignitas humana con la espada de mi propia Temis sin ceguera pues la imparcialidad no existía en esa diosa de la justicia. Nosotros éramos jueces y verdugos. Ese maldito enfermo ladrón de inocencia pagaría cada juguete roto, cada lágrima derramada, cada desconfianza vitalicia, cada violado por esas manos peludas sin amor a lo más sagrado, y lo mas inofensivo, los niños. Seríamos amos y señores de nuestra verdad. Estableceríamos un orden propio, el nuestro. Por encima de cualquier ética, legalidad e incluso divinidad. Nos haríamos cargo de nuestro destino, de nuestras almas olvidadas. No responderíamos ante lógica, religión, o gobiernos. Responderíamos ante nuestro juicio mental. Y como ya dije antes el bien y el mal reside en cada uno de nosotros, y depende cual alimentes en cada ocasión se hará cargo del acto que cometas. No sabía si al entrar en ese piso nos adentraríamos en nuestra perdición o en la gloria que llenase nuestra existencia.

Ese enfermo pagaría sus aberraciones con moratones. El cuadro de Moon me inspiraba en este trabajo. Sacaría cada acto impuro de este impío con cada golpe, como cada mariposa negra se posaba en el que miraba ese lienzo arrebatándole la estabilidad momentánea de sus sentidos y después salían volando.


Como se dijo en escuelas antiguas la letra con sangre entra, en este caso los pecados con sangre saldrían.

El espantapájaros de la confianza infantil y Mefistófeles de las asociaciones de padres de alumnos del abrió la puerta. Jean irrumpió dentro y todos fuimos detrás del fan de Bowie. Había llegado momento en que al culpable le tocara pagar cada vejación contra un menor. Doce en total.

Diríamos en nuestras mentes al entrar en las casas en cada de nuestros actos (los juzgados solo oirían nuestras voces si no quedaba mas remedio): soy la mascarada de la equidad, soy el mal necesario. Introducir rituales era bueno para que el grupo se mantuviese unido, y para cambiar las creencias de mis sometidos por las que yo quisiese. Los ritos, favorecen ese cambio.

Al entrar, Dead tiró al suelo al "reo". Como ya dije, nuestro Minos particular llevaría a este hombre al primero de sus infiernos. Le amordazó rápidamente y le ató de manos piernas. Yo había elegido a Dead como el primer ejecutor, pues era el más diestro en este arte.
Al terminar de atarle, Dead me lo dejó, después de inyectarle un calmante que había conseguido pues su madre era ATS para que no gritase. El primer castigo sería el mío...
Cogí un cuchillo de su cocina, esperé unos instantes a que se adormilara y le hice ocho cortes en ocho de los dedos de las manos cercenándolos, y cuatro puñaladas en los genitales. Habían sido doce niños ( a dedo por niño), pero cuatro habían retirado su demanda quedando impune por esos delitos.

La sangre chorreaba por sus piernas dando paso al aborto de la masculinidad. Un olor dulce, como a vísceras, sangre, y algo que no sabría especificar se abría paso entre nosotros. No era desagradable en absoluto.

Los cortes de los dedos no dejaban de ser un símbolo, pero el ataque a los genitales tenía un fin. La siega de sus penetraciones contra la pubertad. Con ese arma cortaba esa guadaña fálica punzante que tantas vidas representadas en sueños de amor e inocencia había matado.

A él le mantendríamos con vida si es que no se desangraba. Gracias a la duda de si viviría o no me di cuenta de que hasta entonces había reclutado de forma visceral. Ahora necesitaba una persona con conocimientos de enfermería y medicina, pues aunque la madre de Dead fuese ATS, ese tipo de preguntas de un hijo a su madre podría delatarnos en el futuro.Y a poder ser otra con propiedades de gran superficie que podrían ser una casa con finca grande, rancho o algo similar para ir aislando a mis súbditos aunque fuese por pequeñas temporadas e ir dando forma a sus psiques a mi antojo como un alfarero juega con el barro.

En el fondo deseaba que ese enfermo mental viviese. Quería que experimentase el sufrimiento de saber que su hombría había desaparecido. Ya no se sentiría más que los menores a los que había atacado.

Moon, y Jean la emprendieron a golpes con él. Primero Jean le propinó una patada en la cara, y varias en los costados. Moon le propinó una serie de puñetazos. Moon y yo nos apartamos y fuimos al baño con nuestro reo. Allí sucedieron cosas que quedaron entre esos muros y nosotros, o por lo menos por ahora.

A continuación le cogieron dinero y su reloj de oro para que pareciese un robo de unos desequilibrados.
Desmantelaron la casa y llenaron de caos ese piso. Detrás de cuadros había mucho dinero, primeros fondos para gastos del clan...


                                           

Dead me había sorprendido. No se había extralimitado, funcionaba el trabajo que mi persona había realizado en su cabeza. 

Moon no había sido menos en mi orgullo, había estado realmente la altura de las circunstancias.

Y Jean ya era para mí como mi sombra, no había dudado de él en ningún momento.

Salimos de allí con normalidad. 
Llegamos a casa de Moon, donde metimos todo en varias bolsas, como si fuésemos a tirar restos de una juerga con bebidas espirituosas y comida por doquier. Salimos como si fuésemos a quemar la noche por los bares pero realmente fuimos a la sala de exposiciones ambulante de Moon (el crematorio de su tío) a quemar los artilugios que habían sido testigo de nuestros pecados. Metimos todo lo que nos pareció en el crematorio, esperamos un rato analizando lo que había pasado y… parecería un truco de un ilusionista con el que tendríamos un  lance en el futuro. Magia, pruebas que desaparecían.

Al terminar de quemar todo le dimos dinero a un mendigo para que llamase al teléfono de emergencias. Se lo dijo Jean con el único pasamontañas que quedaba puesto,  para no poder ser identificado. Moon lo quemaría días después.


Había pasado esa prueba como líder. Y en ese momento me prometí a mí mismo que sería la única vez que manchase mis propias manos. Ya se verá si cumpliría esa promesa...







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