Y el viaje hacia el universo de los Beautiful Sinners comienza así:
…Y piensa que en el fondo del abismo de tu
corazón está... mi reflejo.
Bloque 1. The Sinners
Beautiful Sinners
Había cosas que hacían supurar mi asco hasta ahogarme y dejarme sin voz: Una era cuando algunas personas se creen por encima de todos los seres del universo como aquél (si es que existe) que traza los destinos humanos y juega con ellos como con las figuras de barro de Perseo y la medusa.
Esa gente que cree que la vida le ha tratado mal y no se ha valorado su trabajo o arte porque están por encima del mainstream y el saber popular. La gente se que pisa las palabras cual cola de novia ebria y no termina una frase aunque de ello dependa la paz mental de los demás. Esa gente que finge no tener empatía con el mundo y los demás pero que lloran con cualquier historia mundana que ven en la caja tonta. Que achacan a la humanidad todos sus problemas y males sin ver que su mal son ellos mismos. Cuyo grito de socorro es dejarme solo.
Me parecían el mal endémico de la humanidad. Esos seres ponzoñosos y víctimas de sí mismos que iban y venían, a los que veía todos los días y sabía reconocer perfectamente. Llevaban ese aura apestosa de victimismo que tenía reminiscencias de la putrefacción de sus almas, sin darse cuenta de donde está el verdadero poder. Necesitaban volver a sentir lo auténtico. El auténtico dolor, la auténtica felicidad. No esas depresiones de mando a distancia de las cuales eran esclavos.
Realmente ese tipo de personas existirá siempre y no se dan cuenta del poder que tiene lo común. Esa creatividad existe, pero se ha visto ahogada por el poder de una sociedad vacía y tremendamente solitaria. Tienen el poder de la masa. No ese aire de ficción que te da ser valorado por un estúpido blog de contenido trivial de los cuales sufrimos invasiones desde los últimos diez años.
Los perdidos, los sin alma, los buscadores de problemas, los verdaderos amos de la realidad, los que alguna vez han creído ver la oscuridad de su ego, los que glorifican el término relativismo, los que persiguieron sueños imposibles, los que no se dejan empujar por los tanques de la apatía de las defensas humanas ante imposiciones de pensamiento. Esos seres con la materia prima para crear un ser realmente merecedor de halagos y envidian e idolatran la mediocridad movidos por unas cuerdas del hilo del mundo de la desinformación. Los perseguidos, insultados, juzgados, los sin rostro que intentan fraguarse uno en las fraguas de la insolaridad y del cuestionamiento de los que se encuentran a su alrededor. Los dejados de lado del perro y el amo del rebaño al que nadie ha visto nunca la cara.
Es el tiempo de la crisis del pensamiento, de la creación de divinidades sifilíticas portadoras de modas que vienen y van. Realmente el mundo había llegado a un punto en que se necesitaba a los anti héroes. Ese tipo de personas que en vez de engañar a estos seres espiritualmente moribundos los despertara con una bofetada de realidad. Esos que en palabras de Twain te hacen sentir grande. "Aléjate de la gente que trata de empequeñecer tus ambiciones. La gente pequeña siempre hace eso, Pero la gente realmente grande, te hace sentir que tú también puedes ser grande"
Hacía tiempo que era la hora de dejar de ser un rebaño de ovejas blancas impolutas como querubines y lobos disfrazados de ovejas negras. De que éstos últimos despertasen, volviesen a sus instintos mas prematuros y matasen la parte del rebaño que se jactaba de una felicidad vacía e insulsa. Aunque esa hora había llegado hacía ya tiempo, había quien intenta retrasarla minuto a minuto cual maniobra de ahorro de energía en el solsticio espiritual.
A veces me preguntaba si era un monstruo por tener estas reflexiones, pero esta negación de la empatía no significaba que no existiese dentro de mí. Lo que pasaba es que me resultaba demasiado doloroso decantarme por ese lado de mi personalidad. Cada vez que lloraba era como si una mano con las garras del abismo del abatimiento saliese de mis ojos desgarrándome las cuencas oculares. Me resultaba mucho mas fácil apartarme de las situaciones y analizarlo todo como si de un melodrama barato se tratase. Ya había sufrido demasiado, pero eso no viene al caso para entender este relato, o, por lo menos, no para entender mi manera de verlo. No pienso dejar que me psicoanalicéis o sintáis la mínima lástima por mí. No por ahora.
Enfrascado en esos pensamientos me había tirado las últimas semanas. ¿Debía seguir conteniendo estos sentimientos o sacar lo que llevaba dentro?
En ese
momento me vino a la cabeza una imagen que había visto en algún lugar. En algún
cuadro, en alguna ilustración de un libro o novela gráfica. Abejas que salían
de los ventrículos de un corazón como una colmena de esperanzas de desarrollo
mental y espiritual. Como cuerpos sin cabeza creciendo del árbol del fruto
prohibido, el que llevaba a la verdadera sabiduría y el crecimiento personal.
Ya lo tenía: necesitaba matar el ego de los demás para llevar cabo mis planes. Irradiar mi verdad y certidumbre en esas mentes despreciativas deseosas de dirección.
Me había dado cuenta de que era capaz de controlar a este nuevo Golem que había surgido en el interior de una generación olvidada. El monstruo del hambre de superación y de exigencia de un lugar en el mundo. De sentirse parte de algo grande por encima de la transmutación de los sentimientos unipersonales. Debía sacarles esos cantos rodados del interior como el desapego y la indiferencia. Esa abulia que impedía relaciones interpersonales reales. Corazones acorazados de oscuridad tan negra como el ónix, almas andróginas pidiendo un padre que les guiase. Fomaría un grupo, una familia, y lo llamaría Beautiful Sinners en honor a una canción con título parecido de un cantante conocido por que sus seguidores se hiciesen preguntas y no diesen nada por sentado debido a sus letras y movidos por el mensaje del odio como ilusión. Ese anti héroe (al igual que yo me consideraba a mi mismo) llamado M.M...
Ya lo tenía: necesitaba matar el ego de los demás para llevar cabo mis planes. Irradiar mi verdad y certidumbre en esas mentes despreciativas deseosas de dirección.
Me había dado cuenta de que era capaz de controlar a este nuevo Golem que había surgido en el interior de una generación olvidada. El monstruo del hambre de superación y de exigencia de un lugar en el mundo. De sentirse parte de algo grande por encima de la transmutación de los sentimientos unipersonales. Debía sacarles esos cantos rodados del interior como el desapego y la indiferencia. Esa abulia que impedía relaciones interpersonales reales. Corazones acorazados de oscuridad tan negra como el ónix, almas andróginas pidiendo un padre que les guiase. Fomaría un grupo, una familia, y lo llamaría Beautiful Sinners en honor a una canción con título parecido de un cantante conocido por que sus seguidores se hiciesen preguntas y no diesen nada por sentado debido a sus letras y movidos por el mensaje del odio como ilusión. Ese anti héroe (al igual que yo me consideraba a mi mismo) llamado M.M...
Pedro Sánchez Hernández.
(Fotografía de http://www.pablosola.com/ . Imagénes sujetas a derechos de autor).

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