viernes, 28 de junio de 2013

6. . Slogans por todas partes.


Bloque 2. Sodoma

Sometidos por los domadores del otro yo, la revolución en Sodoma era latente...




6. . Slogans por todas partes.



Pues ya estábamos todos los partícipes de nuestra rebelión cultural. Ahora debes entender que tiempos vivíamos y que circunstancias nos llevaron a no estar conformes con lo que nos rodeaba.

A la ciudad en la que vivíamos, la llamaremos por ejemplo… Sodoma. Y éstos son los motivos que me hacen pensar en dicho nombre.

Generalmente las generaciones suelen romper con lo anterior cada diez años. O así era antes. Nuestras costumbres llevaban 20 años de inmovilismo controlado. Los Sinners nos caracterizamos por estar en desacuerdo con lo establecido, de romper con esa felicidad artificial, esas sonrisas protésicas de deprimidos patológicos. El inconformismo había muerto. Pero también éramos unos románticos que sabíamos mirar hacia atrás, antes de que los productos dominasen a los productores. 

En la radiografía de aquellos años todo lo descrito en la ciencia ficción se quedaba corto. Las corporaciones lo dominaban todo. Ya no se compraban policías o políticos, si no que los políticos compraban corporaciones. Leyes sacadas para favorecer a personas jurídicas, (las personalidades sin alma absorbían la energía de la madre tierra). Empresas farmaceúticas que negaban salir al mercado productos que salvarían millones de vidas, gobiernos privatizando la sanidad cuyos miembros (congresistas) estaban en los consejos de accionistas de dichas empresas.

Personas separadas por tribus urbanas al más puro estilo de la Película de culto Warriors, pero unas tribus cada vez más variopintas hasta el punto de rozar el ridículo. Estilo de vida, de ropa, música… todo segmentado por corporaciones cuyos dueños a veces eran los mismos en distintas ramificaciones de esta forma de organizar las tribus, como un arca del diluvio pero que solo atañía a la humanidad. La niñez era el nuevo anzuelo del dinero. Adolescencias adulteradas, las parcas ya no se dedicaban a cortar los hilos de la vida, si no a cortar y empalmar segando juventudes. En vez de jugar, los niños intentaban emparejarse antes, dando lugar a relaciones sexuales secas propias del circo más macabro jamás imaginado. Niñas vestidas como mujeres y niños vestidos como payasos.  La novela de Bradbury Farenheit 451 había sido una profecía destinada a los mayores pero sobre todo para críos. La caja tonta era el nuevo villano de los hermanos Grimm. Ni un crío en un parque, ni una niña con una muñeca… eso eran cosas del pasado.


Redes sociales por ordenador que sobrepasaban a las relaciones humanas. Todo el mundo llevaba un dispositivo en el bolsillo para estar interconectado y tener disponible toda la información del mundo, que la mayoría usaba para subir fotografías de cosas tan importantes como que ingerían en restaurantes (la ostentosidad se reproducía como ratas y se propagaba más rápido que la enfermedad provocada por un mordisco de estos animales)… o jugar a ser aristas fotografiando bicis sumergidas en ríos, carteles antiguos, etc… eso sí con un buen filtro predeterminado por el mismo dispositivo. ¿El talento al servicio de cualquiera y sin esfuerzo? Lo sé. Suena estúpido.

El Marketing era el nuevo destino. Marcaba y delimitaba las vidas humanas. El camino de baldosas amarillas de la pequeña Dorothy que había dentro de cada uno de nosotros se volvía cada vez más sinuoso. Ser diferente a lo marcado era ser raro. Salirse del camino estaba sancionado con la indiferencia.
La felicidad ya no era descrita como un sueño, un sino o una forma de superación. Se vendía como una forma de vida. Slogans y frases de auto ayuda en cada esquina de la realidad virtual, pero también de cada calle y cada casa. Parecía que el hombre necesitaba auto ayudarse a continuar con una existencia tan vacía de verdad.

Bienvenidos a la sociedad del bienestar, decían. Gente especializada en trabajos sin salirse un ápice de su formación… cadenas de montaje de intelectuales. La gente ya no pulsaba un botón en la fábrica, el botón pulsaba a la gente. Había llegado el fin de la creatividad y de la diversificación de talentos e ideas. Sobre cualificación para trabajos estúpidos, fin del horizonte humano y los objetivos profesionales. Ingenio castigado con estancamiento. Creatividad y cultura marginadas del mundo laboral. Producto por encima de cliente. Slogans y más slogans… sin querer los suelta hasta uno mismo. 

Slogans por todas partes. La sociedad de la anti alquimia. Si convertías plomo en oro .. ¿qué mas daba? Mejor convertir plomo en mierda , pero sabiendo vender la mierda. Ya sabes… el oro es caro y pasado de moda, y si las moscas van a la mierda, por algo será. Todo lo que tenía valor real estaba pasado de moda. Incluidos los lazos abstractos, pegamento de sociedades. Familia, amigos reales que no virtuales… Lo importante no era quien te felicitaba en tu cumpleaños, si no quien enseñabas en el mundo virtual que te había felicitado. La gente publicitaba su propia vida, y luego se quejaba de que les espiasen… hipocresía en cada esquina. Slogans en cada esquina. 

En el arte ya no se vendía inconformismo social. Si no que se sacaba cada cliché de cada disciplina artística, cada forma de postureo de  cada movimiento y se vendía como “nuevo” producto. Hasta las religiones se habían convertido en corporaciones. Cómo muchos pensarían del propio Cristo: ¿qué importa el mensaje si el mensajero no ha resucitado? El mainstream lo rodea todo, sin espectacularidad no hay milagros. Mejor vestir a ese Cristo de tendenciero y hacerle tener adeptos creyendo que este ser sobrenatural tiene dentro algo de ellos. Esa canción está escrita para mí… frases lamentables escuchadas en cada reunión adolescente. En el colegio se meten conmigo y por eso una chica multimillonaria, cantante de éxito, rubia, alta, con buen cuerpo y ex animadora pero vestida de espantapájaros se acuerda de mí.  En vez de mensaje... ¿por qué no embalaje?  Si el envoltorio del regalo para el departamento de compras es más barato que el propio regalo, brilla más y se puede vender más caro. Slogans por todas partes. Hasta en mi cabeza.

Y lo último que había llegado. La tendencia se comía a lo permanente. Aquella idea romántica de que tu mensaje, arte, trabajo, linaje… perdurara en el tiempo era nimio. Mejor ir cambiando: Transformarse o morir. (Otro slogan). Adaptarse al medio… a un medio impuesto por otros. Pensamientos mutables y tendencias asesinaban a la ideología y hasta a principios vitales… ya basta de slogans. Demos ejemplo con los actos, que hablan por sí mismos. Los slogans no son más que envoltorio, los hechos son el verdadero producto que nos define.

Estábamos presenciando el fin de las ideas pues eran manipuladas en todo momento por las corporaciones. Debían ser aniquiladas con actos.  

En una sociedad basada en el amilanamiento y en la que la gente admite que le den las cosas ya pensadas, el camino a seguir es la acción. (No era ni la primera ni la última vez en la historia en que la humanidad sería testigo de su  propio pasotismo existencial).

Una vez alcanzado el objetivo llega la paz y muere la acción llegando el momento de renunciar a ella, pero para eso había mucho trabajo por delante. 

Nuestro objetivo era casi inalcanzable. Hacer pensar a una sociedad muerta por dentro.



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